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Memoria campesina y el desafío en la ciudad de Rosario – Experiencia de Agricultura Urbana

En Rosario, Santa Fe, hace más de 34 años se lleva adelante una experiencia de agricultura urbana que es ejemplo en Argentina y el mundo. Los principales objetivos de este proyecto son dar respuesta a los problemas generados en las ciudades por la creciente urbanización, la pobreza y la exclusión.

A través del desarrollo de parques huertas y corredores verdes los espacios públicos de la ciudad se convierten en un punto de encuentro para revalorizar saberes, la producción agroecológica local de alimentos y la generación de trabajo. 

Dialogamos con Antonio Lattuca, ex coordinador del PAU e implementador de políticas públicas de Agroecología Urbana y Periurbana.

La iniciativa de la Agricultura Urbana de Rosario, surge en el año 1987 en las experiencias barriales de La Cooperativa Saladillo Sur y del CEPAR (Centro de Proyectos Agroecológicos de Rosario), y se gesta una primera etapa de institucionalización entre 1990 al 2001. En el año 2002 se firma el convenio entre el ProHuerta INTA y la ONG CEPAR que consolida la propuesta como política pública.

Luego de más de una década de fomentar los huertos urbanos en el Gran Rosario, se consolidan los parques huertas, que permiten el desarrollo de una administración urbana-territorial de espacios degradados (como los ex basurales, los terrenos bajos, los costados de las autopistas o las vías de tren) para fines productivos y de integración social, cedidos en su mayoría por la misma Municipalidad. De esta manera, se permite la tenencia segura de la tierra [1], generando condiciones de mayor estabilidad para las huerteras y huerteros.

Por otro lado, se iniciaron las ferias francas como espacios de circulación, de generación de ingresos y de intercambio, como sostiene Lattuca “creo que una de las experiencias más destacadas e innovadoras son las ferias, fuimos pioneros en este tema en la Argentina, ya que las únicas que existían con anterioridad eran las Ferias Francas de la Provincia de Misiones. En las ferias rosarinas las verduras que se comercializan son todas agroecológicas, esto las diferencia y les da un plus sobre otras Ferias Francas que son productos de la agricultura familiar, lo cual es meritorio, pero no todos son agroecológicos. Hoy las ferias surgidas en el año 2002 se han consolidado y forman parte de la vida y de la cultura de nuestra ciudad”.

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Actualmente, en el Programa de Agricultura Urbana participan más de 120 familias que venden su producción en las ferias y 2.500 familias que producen para consumo propio, a la vez que participan 40 escuelas. Se cuenta con 7 parques huertas, el último se inauguró en diciembre del 2020 con la cesión en préstamo de las tierras a 10 años por parte de una empresa privada, y 2 corredores verdes de las vías con una superficie productiva de 31 hectáreas.

En el año 2017 se crea el Centro Agroecológico Rosario (CAR), dependiente de la Subsecretaría de Economía Social, en donde se desarrollan tareas de asistencia técnica y extensión para agricultorxs urbanos: “se necesitaba construir un centro de referencia que visibilizara y pusiera en valor el conocimiento y las técnicas inclusivas y sostenibles construidas en forma conjunta en el territorio durante los últimos 30 años. Así, el CAR se ha constituido efectivamente en punto de referencia para estos procesos”, sostiene Lattuca.

En el CAR se brinda formación y se comparten los saberes vinculados a la agricultura ecológica y biodinámica urbana, el espacio logró convertirse en una síntesis de todo lo construido en el territorio con la participación de huerterxs, técnicxs y activistas. Su organización cuenta con “espacios especializados en elaboración de biopreparados, producción de abonos compuestos, jardín de plantas madres de aromáticas y medicinales, canteros demostrativos de cultivos de verduras de estación, producción de plantines de verduras, espacios para la selección de semillas de libre polinización, y el desarrollo del Banco de Semillas Ñanderoga”.

Rosario, con una ubicación dentro de la región pampeana y su condición de ciudad portuaria la convierte en una de las ciudades más importantes del país para el desarrollo de actividades agropecuarias. En un contexto de fuerte concentración de la tierra, de producción de cereales y oleaginosas para la exportación con uso masivo de agrotóxicos y maquinaria pesada, se inserta la Agricultura Urbana de Rosario que revaloriza los espacios productivos en la ciudades, las redes con las Universidades, escuelas y hospitales, la memoria y el recorrido de los sujetos que participan, el rescate y la circulación de semillas nativas y criollas, el intercambio de saberes entre técnicxs y huerterxs y otra forma de producir alimentos en la ciudad.

Poner en discusión el modelo productivo no solo posibilita la producción de alimentos sanos desde una perspectiva agroecológica y comunitaria, sino que también habilita la construcción de relaciones sociales solidarias en donde es posible crear un sentido compartido de la defensa de lo común.

Desde su convicción Antonio Lattuca expresa: “creo que el Programa de Agricultura Urbana de Rosario, puede servir como modelo inspirador para otras ciudades […] creo que sí, que es un modelo inspirador por todas las dimensiones que abarca: gente que tiene ingresos a partir de producir, el tema de las ferias como espacios de encuentro de los consumidores y los agricultores, o sea que tiene un montón de particularidades importantes, y sobre todo, los espacios públicos permanentemente dedicados a la agricultura urbana|, ya que esta está integrada dentro del plan director de la ciudad”.

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En el contexto de pandemia, las actividades del Programa fueron suspendidas en los primeros meses de la cuarentena obligatoria, pero en la actualidad se encuentran en desarrollo las ferias y las actividades productivas manteniendo los protocolos sanitarios: “hay una demanda muy grande de producción de alimentos agroecológicos, que en un primer momento de la cuarentena las ferias estuvieron restringidas, y surgieron muchas organizaciones que venden los bolsones a domicilio y ha habido un aumento de la demanda de este tipo de productos. Por otro lado, también en la crisis ya veníamos trabajando desde la agricultura urbana no solo en estos espacios permanentes, sino con gente que hace huerta para el autoconsumo en terrazas, en patios, en pequeña escala”, expresa Lattuca. La buena noticia es que para este año se están planificando la apertura de dos parques huertas que permitirán que nuevas familias produzcan y vendan sus verduras.

Lo logrado es mucho, sin embargo, aún con 34 años de desarrollo, la Agricultura Urbana se encuentra con desafíos y es eso (junto a todos y todas los que participan en ella) lo que la mantienen viva: “los desafíos son enormes, porque a pesar de todo lo construido, todavía hay mucho por hacer aquí en Rosario y en otras ciudades. Nosotros todavía tenemos tierra vacante que se podría utilizar para este tema, se necesita inversión porque los parques huertas necesitan de infraestructura, como cercos, maquinarias, semillas, insumos. Entonces, por un lado el desafío es cómo logramos buscar personas que quieran invertir en la agricultura urbana, cómo logramos la defensa de la producción de alimentos no solo en lo urbano, sino también en lo periurbano y a la región metropolitana, cómo hacemos para que lxs agricultorxs y huerterxs tengan un precio justo, vivir dignamente”, sostiene Lattuca, quien acompaña, día a día los debates que se vienen.

Se necesitaría que la Agricultura Urbana sea un desafío, sea una política transversal del Municipio, de la Provincia y de la Nación ya que toca todos los aspectos que necesitamos hoy para poder vivir […] bueno, se necesita que sea una política transversal, que toque a todxs”.

Con la memoria de lxs campesinxs, de lxs inmigrantes, de las Ligas Agrarias, de cada mujer que guardó y compartió la semilla, con aquellas huerteras y huerteros que decidieron incorporarse a esta política pública y la defienden, el Programa de Agricultura Urbana avanza por el camino de producción de alimentos sanos y soberanos para el pueblo. Porque en la historia de cada unx de ellxs también se dibuja la esperanza del mañana, es decir: “que sea posible visualizar que la agricultura es algo fundamental para la vida del ser humano y de la tierra y que nos atraviesa en todo”, finaliza Lattuca.

Este artículo es parte del proyecto “Fortaleciendo la agroecología campesina” realizado con el apoyo de Fastenopfer.

Nota:

[1] Según la ordenanza municipal 7341/02 “se prevé el establecimiento de un acuerdo de cesión de uso de los terrenos vacantes por parte de los propietarios o dependencias gubernamentales afectadas, a favor de grupos de huerteros/as que puedan utilizarlos. La cesión mínima se realiza por dos años y el convenio ofrece a los particulares la exención del pago del impuesto municipal por el plazo que se acuerde el convenio”.

Ilustración de María Chevalier 
www.dibujoschevalier.wixsite.com/mariachevalier

Más información sobre el Programa de Agricultura Urbana de Rosario
www.agriurbanarosario.com.ar.

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