El sector agropecuario de los Estados Unidos está en un proceso de transformación tecnológica vertiginoso y pausado al mismo tiempo, pero con una finalidad determinada: eliminar de los cultivos aquellas sustancias tóxicas innecesarias. Como nos dice la actual secretaria del Departamento de Agricultura (USDA), Brooke Rollins, la administración Trump está abonando por eso el uso de «rampas de salida» que permiten ayudar a los productores agropecuarios a ir cambiando aquellos métodos industriales y tradicionales por otros modernos de última generación y mucho más amigables para el medioambiente y la salud pública.
El papel de los drones y la inteligencia artificial
El gran salto cualitativo que da esta revolución agraria lo dan la digitalización y el control aéreo. Rollins mencionó que actualmente ya están en funcionamiento sistemas de inteligencia artificial integrados en drones que sobrevuelan de forma autónoma las extensas extensiones de cultivos como los gigantes módulos de maíz. Operan como escáneres ultra precisos que vienen a hacer un relevamiento del estado de la planta en tiempo real y desde las alturas.
La capacidad que tiene esta inteligencia artificial permite procesar las imágenes que se toman desde la altura, y así detectar las amenazas en una calidad tan amplia que se deben fijar los valores milimétricamente. En cuestión de segundos, se le indica al productor en qué punto concreto de su lote se encuentra el insecto o plaga, al mismo tiempo que se erradican las suposiciones en el arduo trabajo que antes se realizaba recorriendo las hectáreas a pie o en tractor buscando evidencia de la invasión.
Aplicación focalizada frente al rociado masivo
El impacto más significativo de esta tecnología se produce cuando hay que combatir a las plagas. Históricamente, ante la mínima presencia de una amenaza, la reacción de los productores era rociar masivamente el campo, cubriendo hectáreas enteras con productos agroquímicos de forma preventiva, lo que encarecía los costos de producción, saturaba los suelos y contaminaba los recursos hídricos cercanos con una cantidad de químicos que solo estaban justificadas en una situación pestosa.
Con las nuevas coordenadas exactas que proporcionan los drones, el enfoque varía completamente. La secretaria de Agricultura comentó que la aplicación de estas nuevas tecnologías cambiará por completo la trata de insectos en los cultivos. Atacar la plaga en el sitio preciso, permite a los productores disminuir, y de forma notable, el número de productos químicos que se vierten sobre la tierra, protegiendo el resto de la cosecha sana y reduciendo enormemente los costos logísticos para el trabajador rural.
Hacia una agricultura más saludable y más eficiente
Todos estos aspectos de innovación técnica no deben entenderse como un resultado aislado, sino como parte de una política mucho más amplia del gobierno. La funcionaria enfatizó que el país está entrando en una nueva era, donde el concepto de cultivar mejor está indisolublemente asociado a cultivar de manera más sana. La tecnología ha dejado de ser un mero acelerador del volumen de producción para convertirse en la garante indispensable de la sanidad.
Y en ese sentido, la reconversión de las prácticas agrícolas se convierte en la base del movimiento para «Hacer de Estados Unidos un lugar más saludable». La administración entiende que no se puede hablar de mejoras reales de la salud ni de prevención de patologías a largo plazo si no se moderniza previamente la forma de producir, tratar y recolectar los alimentos básicos que la población consume.
Esta apuesta del gobierno por la inteligencia artificial y la vigilancia por aire representa un hito en la historia agraria de la nación. La apuesta por salir de la dependencia absoluta de los agroquímicos masivos y la demostración de lograr un equilibrio rentable entre la producción comercial extensiva y el cuidado de los recursos naturales es perfectamente posible.
