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Tecnología

Una sonda japonesa del tamaño de un refrigerador pasó rozando un asteroide a más de 18 000 km/h y demuestra que es posible defender la Tierra de amenazas espaciales

Por Skarlett Soto · 16 julio, 2026 · 4:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Una sonda japonesa del tamaño de un refrigerador pasó rozando un asteroide a más de 18 000 km/h y demuestra que es posible defender la Tierra de amenazas espaciales
Fuente: Créditos Ecoportal, imagen editada por IA
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Un choque a esa velocidad la habría destrozado completamente.

La vieja sonda japonesa Hayabusa2, que es como un robot del tamaño de una heladera, fue lanzada en 2014 y ya había completado una misión histórica.

Visitó el asteroide Ryugu, recogió muestras de su superficie y las envió de regreso a la Tierra en 2020.

Su trabajo principal había terminado, pero todavía tenía combustible suficiente para continuar viajando por el espacio.

Entonces, los científicos le dieron una nueva tarea.

Querían que se acercara mucho al asteroide Torifune, una enorme roca de unos 450 metros, utilizando cámaras e instrumentos que originalmente no habían sido diseñados para una maniobra tan rápida.

La velocidad era muy alta, más de 18 000 kilómetros por hora.

¿El pequeño robot podría esquivar el peligro y enviar señales de que seguía funcionando a la Tierra?

Cómo se vivió el tenso encuentro a más de 18 000 kilómetros por hora

En la sala de control de Japón, los científicos esperaban con atención el resultado del encuentro.

La sonda se movía muy rápido, a unos cinco kilómetros por segundo.

Para entender mejor esta velocidad, un avión comercial puede recorrer unos 15 kilómetros por minuto. Hayabusa2 avanzaba aproximadamente 300 kilómetros en ese mismo tiempo.

Los expertos calcularon que la nave pasaría a solo 800 metros del asteroide.

La tensión terminó cuando llegó la señal de radio que confirmó que el robot seguía funcionando bien después del encuentro.

Las cámaras de la sonda tomaron imágenes que mostraron la forma, la textura de la superficie y las características geográficas del asteroide.

Mientras tanto, el instrumento infrarrojo realizó mediciones relacionadas con la temperatura y la inercia térmica.

Lo que más sorprendió a los científicos fue que las fotos mostraron que Torifune tiene una estructura bilobulada.

Esto significa que se parece a dos enormes rocas espaciales unidas y sugiere que podría haberse formado a partir de dos cuerpos que terminaron juntos hace mucho tiempo.

Por qué es tan importante conocer la forma y el suelo de un asteroide

Los científicos explicaron que tener fotos detalladas de estos objetos no es solo una cuestión de curiosidad científica, sino que podría ayudarnos a proteger la Tierra en el futuro.

Si algún día una roca espacial se dirige hacia nuestro planeta y necesitamos desviarla para evitar un desastre, el plan de impacto no funcionará de la misma manera si chocamos contra una roca sólida y dura que si lo hacemos contra una «esponja» espacial suelta hecha de polvo y piedras amontonadas.

Conocer la composición y la estructura de un asteroide es un paso indispensable antes de intentar empujarlo o desviarlo de su ruta.

Por eso, misiones como la de la agencia japonesa ISAS demuestran que no solo debemos estudiar los lugares más lejanos del universo.

También necesitamos conocer mejor nuestro propio vecindario cósmico y los objetos que algún día podrían representar una amenaza.

El largo viaje que Hayabusa2 todavía tiene por delante

La nave Hayabusa2 sigue su camino.

Después de pasar por Torifune, ahora se dirige hacia el asteroide 1998 KY26.

Este es un nuevo desafío porque el asteroide es muy pequeño, de solo unos 11 metros de ancho.

Si la sonda logra completar su misión, podrá estudiar uno de los asteroides más pequeños visitados por una nave construida por el ser humano.

Hayabusa2 tendrá que viajar por el espacio durante los próximos años antes de llegar a su nuevo destino en 2031.

Estudiar estas rocas tan pequeñas es de suma importancia.

Aunque parezcan inofensivas por su tamaño, los objetos relativamente pequeños también pueden entrar en la atmósfera terrestre y provocar daños.

Conocer estos cuerpos celestes nos ayuda a entender mejor los riesgos reales que existen allá afuera.

Hayabusa2 es una nave veterana, pero sigue funcionando después de completar una misión histórica.

Ahora, mientras continúa su viaje por el espacio, todavía puede ampliar nuestro conocimiento sobre los asteroides y aportar información necesaria para explorar y, eventualmente, proteger la Tierra.

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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