La administración de Estados Unidos, bajo el liderazgo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), se encuentra en la vanguardia de una ofensiva reguladora para convertirse en el país líder del reciclaje renovado. Lee Zeldin, administrador de la EPA, ha dado a conocer un proyecto para eliminar la burocracia que se interpone a la expansión de tecnologías que puedan «deshacer» el plástico, analizando las piezas hasta hacerlas retornar a las materias primas originales con las que fueron creadas.
Pirólisis: El procedimiento que «rompe» el plástico
El núcleo de esta revolución tecnológica está formado por la pirólisis, un proceso termoquímico que aplica altas temperaturas a un entorno sin oxígeno para desmantelar la estructura molecular del plástico. Más allá del reciclaje mecánico, que va degradando la calidad del material en cada ciclo, el reciclaje avanzado no solo permite que el plástico se reutilice, sino que lo hace «renacer» como una materia prima nueva y, además, de alta pureza.
Se puede aplicar a plásticos difíciles de reciclar, como lonas de productos alimenticios y plásticos multicapa, por el hecho de que la inmensa mayoría de las 27 millones de toneladas de residuos plásticos que acaban en vertederos estadounidenses al año provienen de ellos.
Zeldin pone de manifiesto esta tecnología tras su visita a las instalaciones de ExxonMobil en Baytown, donde ya se han transformado 50 000 toneladas de residuos plásticos en materias primas útiles. La advertencia fue que los Estados Unidos podrían quedarse atrás: actualmente el país tiene menos de 10 instalaciones de este tipo, mientras que Europa, para 2030, proyecta tener 65 plantas de reciclaje y Asia-Pacífico contempla que el sector produzca ingresos por US$7300 millones para la misma fecha.
El fin de la ingeniería burocrática: De residuos a manufactura
La principal traba para el arranque de este sector ha sido una categorización reglamentaria desfasada en virtud de la Clean Air Act, que considera erróneamente la pirólisis como una «incineración». En virtud del programa Powering the Great American Comeback, la EPA de Trump reclasifica el reciclaje como una actividad manufacturera y no como gestión de residuos. Esta es la clave en términos técnicos, ya que permite liberar a las empresas de las exigencias caras y pesadas que deben cumplir en el caso de un vertedero público o de incineradoras, permitiendo a las empresas construirlas en la seguridad de un sector industrial moderno.
Hoy en día hay cerca de 90 plantas de reciclaje que aguardan para construirse en suelo estadounidense pero paralizadas ante la inseguridad reglamentaria. Al finalizar los marcos de revisión estatal (solo 25 estados tienen marcos para reciclaje) y aligerar las cargas de informes, la EPA espera liberar flujos de inversión por miles de millones de dólares. El objetivo es claro: transformar un residuo perdurable y permanente en un motor de crecimiento económico.
Efecto económico: 173 000 nuevos trabajos
La promesa de un reciclaje avanzado es, en definitiva, una promesa con respecto al trabajador estadounidense. De acuerdo con las proyecciones de la EPA, el crecimiento de esta industria añadiría más de 173 000 nuevos puestos de trabajo y casi US$13 000 millones en nómina anual a la economía nacional. Se trata de trabajos en manufactura bien remunerados que contribuyen a la resiliencia de las cadenas de suministro locales en todo el sector del automóvil, la construcción y los bienes de consumo.
En 2023, la industria de plástico ya demostró su peso económico al pagar más de US$46 000 millones en salarios durante los 45 estados y Puerto Rico. Con un crecimiento de producción mayor a un 26 % desde el año 2017, se prepara para iniciar una nueva era de manufactura sostenible. Al «desarmar» el plástico hasta sus materias primas originales, Washington no solo protege los océanos y suelos de la nación, sino que asegura que los Estados Unidos no pierdan la carrera tecnológica global.
