Cambio Climático

Justicia climática: estrategias y retos de un movimiento que nace

¿Cuáles son las fronteras del daño ecológico, cuál es el límite de una huella: un papel de propiedad, una cerca, un color diferente en la tierra? La nostalgia de un mundo de colores y sabores diversos, de olores que guardan la memoria de las lluvias que cayeron, el sabor de la fruta real con arrugas y manchas, es más fuerte que los discursos vacíos, las falsas soluciones y todas las trampas. Ya no se cierra más la puerta al debate sobre la recuperación de los bienes comunes como derechos de todos y todas.

Por Llanisca Lugo

¿Cuáles son las fronteras del daño ecológico, cuál es el límite de una huella: un papel de propiedad, una cerca, un color diferente en la tierra? La nostalgia de un mundo de colores y sabores diversos, de olores que guardan la memoria de las lluvias que cayeron, el sabor de la fruta real con arrugas y manchas, es más fuerte que los discursos vacíos, las falsas soluciones y todas las trampas. Ya no se cierra más la puerta al debate sobre la recuperación de los bienes comunes como derechos de todos y todas.


El planeta se calienta a un ritmo insostenible. Cada vez más emisiones de gases de efecto invernadero van a la atmósfera. Los bosques desaparecen. Se derriten los glaciares. El agua se agota. No hay que comer. Los seres humanos separados por capacidades de consumo, compran y venden cosas desconocidas en un gran mercado sin rostro.

Pero no es un camino sin retorno. Hay una gran lucha por detener todo esto y construir otro tipo de sociedad capaz de generar bienes para todos, capaz de satisfacer las necesidades humanas más importantes en armonía con la Naturaleza.

Movimientos y organizaciones sociales de todo el mundo se cruzan con una fertilidad que genera vida, para crear espacios democráticos de construcción de alternativas y llegar a visiones compartidas sobre cómo revertir la crisis climática y sus causas. Fuerzas muy distintas confluyen en estos senderos, en buena medida por explorar.

Con un largo recorrido desde los días de la Campaña por los 500 años de resistencia al saqueo y la colonización de nuestros pueblos, participan organizaciones y movimientos sociales que luego de la lucha contra el ALCA, han seguido articulados y reconocen en el cambio climático un eje central para articular esfuerzos globales en la lucha contra el sistema capitalista. También participan organizaciones que históricamente han tenido una labor ambientalista y que desde un mayor dominio de los aspectos que han centrado las negociaciones y los marcos jurídicos existentes, han estado siguiendo estos procesos desde la Eco` 92, en los días en que la humanidad tomó conciencia de la necesidad de dar un giro a los modos que se había dado para vivir.

Cada vez con mayor protagonismo, campesinos e indígenas, actores largamente invisibilizados, rescatan un espacio público de actuación en el que muestran los impactos que el cambio climático genera sobre ellos, ofreciendo a la humanidad otro referente a partir de una milenaria relación de amor con la naturaleza a la que han cuidado y conservado guardando sus regalos y secretos más sagrados.

A pesar de que tanto indígenas como campesinos están mostrando sus propias alternativas relacionadas con la protección de los bosques concebidos más que como sumideros de carbono, como espacios en los que se reafirma su cosmovisión, a pesar de que proponen el desarrollo de una agricultura sustentable con soberanía alimentaria para enfriar el planeta; ambos grupos, con la enorme diversidad que también existe a su interno, son desplazados y expropiados de sus tierras, criminalizados y condenados al desarraigo y la pobreza extrema.

Desde estas organizaciones que históricamente han participado en esta lucha, va naciendo un movimiento, una nueva subjetividad que reconoce en la Naturaleza la maternidad absoluta, y de ella aprende con humildad y gratitud, sin intentar dominarla, ni tenerla, sino disfrutarla y usarla en un continuo flujo de entregas y regalos; una subjetividad que rescata el poder de la mística, la emoción y la fe, más allá de racionalidades agotadas, que se compromete con la vida de todo ser, y con el pasado y el futuro de un planeta que nos trasciende; una subjetividad que practica la solidaridad en lugar de la competencia, que confía en lo comunitario, lo local y familiar, que defiende la conexión entre todas las cosas y seres que existen en interinfluencia absoluta y constante.

Desde esta gran diversidad de luchas que confluyen en búsqueda de justicia climática, se ha dado un paso importante, que en buena medida es responsabilidad de la Cumbre de los Pueblos celebrada en Cochabamba en abril de 2010. Los debates escaparon de salones de corbata y frío fundamentalmente masculinos, los documentos complejos, casi crípticos, son revisados por un mayor y más diverso grupo de actores para convertirse en instrumentos de lucha con sus límites y complejidades. Las discusiones se democratizan y se va alcanzando un consenso amplio de demandas y propuestas a partir del entendimiento de la tensión de base en esta lucha entre la vida y la muerte.

Algunas trampas en el camino

Existe un discurso legitimado desde algunos sectores de la ciencia en complicidad con los centros de poder, lleno de consignas vacías sobre biodiversidad, inclusión, la búsqueda a gachas de un desarrollo sostenible, estériles llamados a luchar contra la pobreza. Es un discurso que no viene acompañado del reconocimiento de responsabilidades diferenciadas, que no reconoce las implicaciones que tiene todo esto en términos de deudas de adaptación de los países desarrollados con los países en desarrollo, y en términos de adopción de medidas concretas que apoyen las transformaciones estructurales necesarias, que intenta deslumbrar con explicaciones desconectadas sobre fragmentos de la realidad, y no contribuye a una acción organizada y movilizadora que vaya por las transformaciones necesarias.

El tiempo es el recurso más escaso en esta lucha. Sin embargo, el capital lo trae como dimensión eterna y lineal. La enajenación de ese futuro produce un pensamiento de resignación e incapacidad de actuación que busca la quietud necesaria al sostenimiento del sistema. Pero poco a poco se van haciendo las preguntas necesarias: ¿pueden postergarse las soluciones radicales a la crisis? ¿Pueden desplazarse al futuro metas de última instancia, a pesar de saber que con resultados intermedios no se conserva la vida?

Las huellas ecológicas son cada más visibles, y se reconocen muy bien las grandes deudas que se han ido acumulando en cientos de años en las tierras, los cielos y las aguas del sur.

La noción de lo global también es usada por los países desarrollados y las trasnacionales para adquirir créditos y mantener mayores emisiones de gases de efecto invernadero en sus patios privados, acceder a nuevos recursos y nuevas tierras que incrementen los derechos de contaminación en sus naciones, y seguir quemando en los hornos del desarrollo los fluidos del planeta.

Como una vez fue colonizada nuestra tierra, hoy es colonizada nuestra atmosfera, ocupada por las emisiones de gases de efecto invernadero de los países más ricos del planeta, quienes en complicidad con las grandes trasnacionales, provocan desencuentros entre pueblos de uno y otro lado del mundo; intentan ganar en un territorio las reservas de veneno que van a depositar en otro, y fracturan la lucha de los más afectados, para distanciarlos y poder hacer un mejor vuelo en picada que les deje llevarse consigo, más que la mordida a una tierra, el espíritu de un pueblo.

Por eso es importante la pregunta de los límites reales de un territorio. ¿Cuáles son las fronteras del daño ecológico, cuál es el límite de una huella: un papel de propiedad, una cerca, un color diferente en la tierra?

La nostalgia de un mundo de colores y sabores diversos, de olores que guardan la memoria de las lluvias que cayeron, el sabor de la fruta real con arrugas y manchas, es más fuerte que los discursos vacíos, las falsas soluciones y todas las trampas. Ya no se cierra más la puerta al debate sobre la recuperación de los bienes comunes como derechos de todos y todas, la utilización de otros tipos de energía que permitan dejar el combustible fósil bajo tierra, el desarrollo de un sistema agroindustrial cercano, confiable, autónomo y soberano, protagonizado por campesinos, indígenas, mujeres, con acceso a las semillas y a la tierra.

Demandas a partir de cuestiones políticas centrales

Las organizaciones que participan en la lucha por la justicia climática han elaborado una posición común a partir de los debates realizados en Dakar durante el Foro Social Mundial, que resume algunos puntos claves del marco político construido en un largo proceso de lucha.

Esta visión compartida de los movimientos y organizaciones sociales presenta demandas claras a los países desarrollados en cuanto a las políticas y los compromisos que deben asumir para detener el calentamiento global y tiene como punto de partida el rechazo al Entendimiento de Copenhague y las decisiones de Cancún, entre otras cosas porque dan lugar a un aumento de la temperatura mundial incompatible con la vida.

Las demandas se basan en un supuesto fundamental: No puede resolverse el cambio climático gestionando mejor lo que ya existe. No se trata de ser más consciente o más responsable con el manejo del sistema. Hay que cambiar el sistema, y tiene que ser ahora.

Los países desarrollados tienen que reducir emisiones de gases de efecto invernadero al menos en un 50% entre 2013 y 2017 con respecto a los niveles de 1990 y tienen que hacerlo a nivel nacional, internamente, sin recurrir a compensaciones, sin incluir mercados de carbono u otros mecanismos que ocultan el incumplimiento de las reducciones reales. Los países desarrollados deben actuar con sus especificidades y recursos y los compromisos asumidos, deben ser de carácter vinculante, con el horizonte de convertirse a carbono neutral en 2050.

Hay que limitar el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de 1°C a través de un verdadero cambio del sistema. Para ello, es imprescindible terminar con la minería, con las mega -represas hidroeléctricas, con los agro combustibles y con la quema de combustibles fósiles. Sólo estas podrían ser verdaderas soluciones.

Es necesario dejar los bosques entre las manos y el corazón de los pueblos originarios, que los consideran mucho más que un territorio rico en madera y fibras vegetales. A pesar de que REDD (Reducción por deforestación y degradación de bosques), quiere crecer también entre tierras agrícolas y otros ecosistemas, entre los movimientos sociales crece el consenso en cuanto al rechazo a los mercados de carbono, y a REDD en particular, por lo que implica en cuanto al control y a la expropiación de los pueblos originarios de los territorios donde siempre han vivido en una lógica de privatizaciones y mercantilización que se conoce demasiado.

Otra demanda importante es el reconocimiento de la deuda ecológica y la necesidad de un financiamiento para el clima público, obligatorio, sin condiciones, y adicional a otros flujos financieros del Norte al Sur, que no genere nuevas deudas financieras ni ecológicas…

Los países del Anexo 1 deben entregar el 5% de su PIB como financiación a largo plazo a los países en desarrollo y tal como reconocen organizaciones africanas recientemente reunidas en el proceso hacia la COP 17 a celebrarse en Durban, es necesario establecer mecanismos para evaluar la escala necesaria de las finanzas, y proveer claridad y trasparencia sobre las fuentes de los fondos, a partir de una evaluación de la incidencia de estas fuentes en la situación de los países en desarrollo.

La Declaración de unidad de Justicia climática es muy clara en cuanto al rechazo al rol del Banco Mundial en este financiamiento, especialmente en la creación del Fondo Mundial para el clima.

En resumen, las organizaciones sociales exigen instrumentar una transición justa, que lleve a medidas concretas que limiten las emisiones globales, distribuyan equitativamente el espacio atmosférico, transfieran finanzas y tecnología hacia los países en desarrollo para permitir la adaptación al aumento de las temperaturas y la aplicación de las medidas de mitigación en los países históricamente afectados.

Estas demandas vienen acompañadas de la propuesta de una agricultura campesina sustentable por su capacidad de aumentar la biodiversidad, recuperar la materia orgánica del suelo, mejorar la producción diversificada de alimentos a pequeña escala, expandir los mercados locales, y practicar una gestión integrada de los bosques. De ahí que sea importante rescatar sus territorios, mantener el control sobre sus tierras, acceder al agua como bien común y derecho humano, y al derecho a usar e intercambiar semillas, y promover mercados locales descentralizados.


Escenarios de lucha

Un escenario de lucha importante es el proceso de negociaciones oficiales para llegar a acuerdos encaminados a la reducción de emisiones y sobre los mecanismos para instrumentarla. Sin embargo, ya no pueden ocultarse los límites de estos espacios multilaterales que no pueden romper las armaduras oxidadas en que se desarrollan y cada vez demandan mayor cantidad de recursos para reuniones que oscilan en vaivenes improductivos, sin poder responder a las necesidades reales de la humanidad.

En el contexto de estas reuniones, es importante incentivar el desarrollo de plataformas nacionales en los países sede para la movilización y generación de protestas que despierten la indignación social. Lo más importante en este escenario son los procesos previos de construcción de alianzas y consensos en los que el movimiento social tiene que ser cada vez más activo.

Hay otro escenario marcado por enfrentamientos constantes a expresiones múltiples pero muy concretas del capital: las empresas mineras, las militaristas, las grandes represas. Es una lucha diaria contra las trasnacionales, presionando a los gobiernos para que no se levante un foco más de contaminación, una causa más de sequía. En este tipo de escenarios mueren miembros de organizaciones sociales cada día, solo por defender sus derechos. Diariamente son reprimidos y criminalizados hombres y mujeres que se resisten a los intereses de las élites de poder, que no están dispuestos a una migración forzada, ni a ser arrancados de su tierra y su historia.

No podemos olvidar el escenario de lo cotidiano donde hay una pugna constante entre modelos y culturas que lamentablemente coexisten y se desarrollan paralelamente en nuestras sociedades, un escenario en el que se desarrolla, de manera permanente, una batalla cultural, que a nivel de consumo y práctica de vida, resignifica el valor de los recursos naturales y contribuye a crear otro paradigma de bienestar y desarrollo.

Utiliza recursos comunicativos para generar cambios de actitud que pueden favorecerse a nivel de pequeños grupos y sociedad en general, como parte de un proceso amplio de transformación social.

Otros escenarios también importantes tienen que ver con ejes de articulación en los que se expresan relaciones muy estrechas y directas con la lucha por la justicia climática. La militarización, por ejemplo, es desarrollada en beneficio de una industria que responde a los intereses de acumulación y control de territorios y recursos naturales, que favorece el extractivismo y la explotación de los recursos con fines de dominación. Por eso es importante buscar la complementariedad de las luchas y los modos en que se conectan en un marco de resistencia global contra todo el sistema.

Todos estos niveles de actuación se complementan e interinfluencian en un proceso que no necesariamente sucede paso a paso, en el que se pueden dar saltos cualitativos debidos a la acumulación de experiencias. Siempre puede sorprendernos la cristalización de algunas metas en un recorrido que no es lineal.

Elementos para una estrategia

A partir de analizar algunos datos del contexto, los momentos más importantes en la agenda, y los obstáculos o trampas que hay que enfrentar, se han redactado elementos para una estrategia compartida por las organizaciones que forman parte del movimiento por la justicia climática que está naciendo. Algunos de sus puntos son:

-Procurar la unidad entre todas las organizaciones que participan, sin perder el horizonte político ni los caminos también políticos para llegar a él.

-Trabajar en plataformas nacionales que consoliden un tejido de base articulado capaz de generar con creatividad movilizaciones locales. Así está trabajando el grupo de los 17 en el camino hacia Durban, Sudáfrica, y el Comité de Facilitación de la Sociedad Civil Brasileña para Río+20.

-Diversificar los actores, enriquecer el cuerpo del movimiento con nuevos grupos y sectores que todavía no se involucran y podrían contribuir a obtener los resultados deseados.

-Seguir visibilizando todo lo posible las expresiones que en la vida cotidiana tiene el modelo capitalista, y visualizar los impactos y costos en materia de vidas humanas.

-Trabajar en la formación de las bases sociales para garantizar una participación cada vez más consciente y crítica de las organizaciones sociales.

– Desarrollar un proceso de construcción de tribunales nacionales de justicia climática y deuda ecológica durante todo el 2011 que conduzcan a las audiencias del Tribunal Internacional de los Pueblos sobre Justicia Climática y Deuda Ecológica que se realizarán en la COP17 en Durban y en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible Rio +20 en 2012 en Río de Janeiro.

-Asumir como un único proceso, la COP 17, Río +20, en Brasil, y otros procesos, con la intención de anteponer al Proyecto de la economía verde que concibe a la privatización de la naturaleza como la clave para su protección, el Proyecto de Declaración de los derechos de la Madre Tierra, en el que se deja claro que la Tierra es un ser vivo, con el cual tenemos una relación complementaria, interdependiente y espiritual y se consigna el derecho a la vida y a existir; a ser respetada; a la continuación de sus ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas; entre otros derechos que deben ser reconocidos por todos.

Esta estrategia no puede pensarse en condiciones neutrales que posibiliten la construcción de los procesos al ritmo planificado, con las intenciones soñadas; no. Los intereses de las grandes mayorías son muy distintos a los de las minorías en el poder, los mecanismos y recursos también son diferentes, como diferentes son los tiempos de actuación desde concepciones y prácticas distintas de lo político; por todo esto, muchos retos son desafiados o deben serlo por un movimiento que pretenda conquistar toda la justicia climática posible. Siguen algunos de estos desafíos.

Retos de un movimiento:

-Contribuir en una lucha colectiva, orgánica y a largo plazo desde una vida cotidiana de inmediatez casi dramática donde la sobrevivencia es un logro de cada día.

Cada vez ocurren más asesinatos, desplazamientos forzados, muertes por hambre, amenazas de todo tipo a hombres y mujeres que luchan contra el sistema. Mientras más dura y larga es la lucha, más se nutre de sacrificios de mujeres y hombres que dan la vida por una conquista que es de todos. Desde esa sensación de vida al límite, en riesgo absoluto y con ausencia de recursos para enfrentar las situaciones cotidianas, hay que despertar las capacidades creativas, la participación política, la innovación, en un largo camino que no siempre deja ver en el tiempo estimado, los resultados que se desean.

-Reconocer y trabajar con las diferencias entre los ritmos de actuación del capital y los del movimiento social.

El capital avanza a un ritmo acelerado y lo hace orgánicamente de acuerdo a sus fines y propósitos. Sin embargo, otros son los ritmos de quienes apuestan por la participación de las mayorías en el cambio de la lógica de dominación capitalista. En parte porque las construcciones desde abajo llevan tiempo de sedimentación y procesamiento de vivencias y resultados, en parte también porque a veces no queda clara la relación entre el espíritu de un debate o documento con las tareas necesarias, las responsabilidades y los compromisos asumidos para llevarlo a efecto. Eso provoca que la propuesta de los movimientos sociales cargue en ocasiones con sentidos de reacción a procesos que ya están en curso como si se tratara de una carrera a la que se llega con retraso.

-Democratizar las estructuras del Estado para la participación y el control popular.

El mito de que el tema del cambio climático es un tema complicado y la intención de privatizar debates y decisiones, provocó durante mucho tiempo, algún distanciamiento de las organizaciones sociales con el tema y que solo unos pocos terminaran siendo legitimados como portadores de información válida, por tanto contribuyentes en rol de expertos a procesos de tomas de decisiones. Sin embargo, todos los aportes son necesarios, científicos o no, y es vital que los pueblos compartan sus visiones y sean escuchados por los gobiernos.

Esto tiene que ver con las estructuras de participación y control popular creadas en cada país. Sin transformar estas, será muy complicado avanzar más allá. En ese sentido, una pregunta sería si este movimiento podría convertirse en dinamizador de procesos revolucionarios verdaderamente críticos que se propongan transformar las relaciones de poder y los mecanismos de participación popular para implementar sociedades de una cualidad superior en sentidos políticos. Ojalá.

-Construir un debate profundo entre movimientos sociales y gobiernos.

Los movimientos sociales presionan a los gobiernos para que se comprometan con las medidas que se deben ir tomando en los espacios nacionales. Esto es cada vez más importante, porque es ahí donde deben implementarse las soluciones. Al mismo tiempo reconocen e intentan aprovechar las posibilidades de actuación conjunta con organismos de integración regional, como el ALBA, más sensibilizados con las visiones de los pueblos, que pueden contribuir desde un posicionamiento común en un cambio en la correlación de fuerzas de las negociaciones. Para esto es necesario abrir un diálogo profundo y abierto entre movimientos y gobiernos, sin intentos de domesticación y cooptación, y sin demonizaciones, que en la defensa del horizonte político, explore verdaderamente maneras de avanzar juntos en los países donde sea posible.

Toca a los movimientos recordar que las decisiones que se tomen en estos terrenos no pueden ser pragmáticas, ya no podemos darnos ese lujo. No pueden basarse en lo aparentemente posible, sino en referentes éticos históricos de la humanidad, necesarios más que nunca para la sobrevivencia.

-Diversificar e interconectar varios centros de coordinación en una estructura más abierta y segura a la vez.

Mantener varios centros dinamizadores del movimiento conectados entre sí, que garanticen el enriquecimiento, la apertura a nuevos actores, nuevas ideas y nuevas dimensiones de lucha, va siendo algo necesario.

El agotamiento, la falta de tiempo, las muchas tareas, hacen que la mayor parte de las decisiones, no pueda estar en pocas manos. Hay que flexibilizar y democratizar los procesos para que las contribuciones crezcan y fluyan caudalosamente en los sentidos necesarios.

-Reconocer y contener las diferencias entre las contribuciones que puede hacer el movimiento social con capacidad movilizadora y las que hacen redes y otras organizaciones desde otra práctica política.

Es importante distinguir entre el rol que debe tener en esta lucha el movimiento social que resiste desde el riesgo de su propia vida, que se organiza voluntariamente para luchar contra aquello que lo amenaza, y el rol de otros actores que desde la profesionalización de lo político, también contribuyen. Todos somos sujetos políticos en esta lucha, pero somos sujetos políticos distintos. Esa diferencia hay que reconocerla, contenerla y usarla en bien de la lucha común.

-Profundizar en la formación y la comunicación de estos temas.

Aprovechar el acumulado que dejó Cochabamba en cuanto a la democratización de los debates y seguir profundizando en la formación en estos temas, seguir quitando el óxido a convenciones y otros documentos que no se leen por largos y complejos. Aprender a participar de la manera más eficiente en los escenarios que son más nuestros, es un reto del movimiento social popular por justicia climática. Para tomar las calles, los parques, los teatros, y hacer público este tema que por mucho tiempo secuestraron los que se sienten más inteligentes y poderosos, hay mucho por recorrer en sentidos de formación política y comunicación.

-Ser proactivos desde propuestas propias que trasciendan los resultados inmanentes de determinados procesos.

Un reto importante es defender las propuestas del movimiento y no quedar atrapados en un sistema de reacciones a lo que otros deciden o hacen. En ese sentido está la decisión de impulsar el Tribunal de justicia climática y cuando las condiciones lo permitan desarrollar abiertamente la consulta popular convocada por el presidente Evo en Cochabamba, y crear otras propuestas que lideradas por los pueblos, impulsen la lucha a los horizontes propios de los movimientos.

-Ser permanentemente un movimiento abierto, inclusivo y diverso que revise críticamente su propio proceso de construcción y actuación.

-La capacidad de incluir a nuevos actores y de integrar aportes diversos es esencial a un método de lucha que necesariamente tiene que revolucionar viejas prácticas. Colocarse en el lugar desde donde se contribuye mejor, reconocer las historias de los procesos, incluir la fuerza y creatividad de nuevos sectores, estar conscientes de la madeja de relaciones que se dan a su interno entre géneros, razas, etnias y clases diferentes, puede contribuir a la organización de un movimiento flexible y dinámico que personaliza las relaciones y pone rostro a los sujetos políticos que protagonizan la lucha a la vez que se enfrenta a sus zonas de machismo, autoritarismo y exclusión que tanto daño hacen.

-Concebir la unidad como resultado complejo de integración de diversidades en el que cristaliza un acumulado que no puede desconocerse.

La unidad no es un constructo a priori que existe por deseo. Se basa en la confianza construida en las batallas libradas, en el reconocimiento de las diversidades en diálogo. No puede ser una consigna vacía, ni un muro de cartón pintado de acuarela. Cuesta mucho construir la unidad verdadera y siempre será vulnerable si no se discuten sus fundamentos y cimientos reales con transparencia, fuera de slogans y frases políticamente correctas.

-Buscar la complementariedad con otros procesos de articulación que comparten zonas comunes de los sentidos políticos.

La lucha final es contra el sistema de dominación capitalista en todas sus expresiones. Partiendo de esta convicción y teniendo en cuenta que una buena parte de los que dinamizan la actuación en el campo de la justicia climática tienen múltiple militancia y pertenencia a otros espacios más y menos conectados entre sí, es necesario considerar las posibilidades de complementariedad entre los diferentes procesos, campañas, convergencias y redes en las diferentes regiones para potenciar las posibilidades de enriquecerse mutuamente.

-Conocer el punto de partida no implica necesariamente conocer los destinos.

Este movimiento sabe bien, aunque con diferencias, de donde parte en este viaje y a donde no quiere regresar más, pero las metas, los modelos, están por construirse, lo que exige de exploración, de innovación, de frescura, del uso de las ciencias y de todos los saberes, de la aceptación de las curvas que aparecerán en un camino que no puede ser lineal, de la tolerancia ante los regresos o fracasos, y sobre todo, de la celebración ante las victorias por pequeñas que sean. Es necesario contarse las victorias, cada triunfo, y compartir los pasos. Así podrá ser más fuerte y sano como organismo vivo, resistente y capaz de abrazar a los millones que ya despiertan en el difícil parto de otro mundo. www.ecoportal.net

Llanisca Lugo es coordinadora del Programa de Solidaridad del Centro Memorial Martin Luther King

Caminos http://www.ecaminos.cu/

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