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Cambio Climático

La tie­rra tie­ne fie­bre

La tie­rra tie­ne fie­bre. Y esto que pa­re­ce de pe­ro­gru­llo, no lo es, cuan­do la es­pe­cie que más ne­ce­si­ta de ella y de sus ser­vi­cios, ape­nas lo está per­ci­bien­do.  Las ca­tás­tro­fes “na­tu­ra­les” no son ta­les en mu­chos ca­sos. A pe­sar de las ad­ver­ten­cias cien­tí­fi­cas, la ci­vi­li­za­ción ac­tual, ador­mi­la­da por un con­su­mis­mo exa­cer­ba­do em­pu­ja una de­man­da de re­cur­sos in­sos­te­ni­ble. Y esto, está su­ce­dien­do en todo el mun­do.

La eco­no­mía se si­gue “ma­te­ria­li­zan­do” in­ten­sa­men­te, mien­tras que la tie­rra pier­de a bor­bo­to­nes su ca­pi­tal na­tu­ral o sus bie­nes co­mu­nes. Pa­cha­ma­ma, Mot­her Earth, Gaia de­gra­da día a día sus re­cur­sos y can­ce­la sus in­creí­bles ser­vi­cios al hom­bre. Ella, se­gu­ra­men­te se po­drá re­cu­pe­rar, pero ¿y no­so­tros?…

La cri­sis am­bien­tal nos pone de­ba­jo de una tor­men­ta per­fec­ta. El cam­bio cli­má­ti­co, no es ya una teo­ri­za­ción sino un he­cho con­tras­ta­ble y una reali­dad do­lo­ro­sa. In­cen­dios mo­nu­men­ta­les en el nor­te del mun­do (Ca­na­dá) o en el sur (Ama­zo­nia, Aus­tra­lia), inun­da­cio­nes bru­ta­les en la In­dia o en Eu­ro­pa, se­quías ines­pe­ra­das o ba­jan­tes en ríos como el Pa­ra­ná aquí en el Sur anun­cian un mun­do cada día más com­pli­ca­do. Al­gu­nos lí­de­res po­lí­ti­cos lo “acha­can” a la na­tu­ra­le­za o a cas­ti­gos di­vi­nos, otros –  pero aún muy po­cos – co­mien­zan a com­pren­der que hay que ha­cer las pa­ces con la na­tu­ra­le­za. 

Los in­cen­dios fo­res­ta­les en Aus­tra­lia que­ma­ron más de 7 mi­llo­nes de hec­tá­reas don­de mu­rie­ron casi 1.300 mi­llo­nes de ani­ma­les, ade­más de pér­di­das ma­te­ria­les y vi­das hu­ma­nas.

La pan­de­mia, tie­ne mu­cho de cau­sas hu­ma­nas y aún no ter­mi­na. El ata­que de lan­gos­tas pu­sie­ron en ja­que al Cuerno de Áfri­ca, pero eso im­por­tó mu­cho me­nos, aun­que el ham­bre aflo­ra allí.

Las inun­da­cio­nes y su re­cu­rren­cia son alar­man­tes. Lla­ma hoy la aten­ción los efec­tos de his­tó­ri­cas inun­da­cio­nes en Eu­ro­pa, pero es tan­to o más preo­cu­pan­te, los im­pac­tos y des­pla­za­mien­tos acae­ci­dos so­bre cien­tos de per­so­nas el pa­sa­do año en Ni­ge­ria, Ban­gla­desh, In­dia, Fi­li­pi­nas, Amé­ri­ca Cen­tral, Perú o Bo­li­via.

In­for­mes de la Ofi­ci­na de Asun­tos Hu­ma­ni­ta­rios de la ONU co­lo­can a Amé­ri­ca La­ti­na y el Ca­ri­be como la se­gun­da re­gión mun­dial más pro­pen­sa a desas­tres na­tu­ra­les. Des­de el 2000, 152 mi­llo­nes de la­ti­noa­me­ri­ca­nos y ca­ri­be­ños han sido afec­ta­dos por más de 1.200 desas­tres en­tre los que se cuen­tan inun­da­cio­nes, hu­ra­ca­nes y tor­men­tas, se­quías, alu­des, in­cen­dios, tem­pe­ra­tu­ras ex­tre­mas y por otro lado, te­rre­mo­tos y even­tos vol­cá­ni­cos. Los pri­me­ros, con­se­cuen­cia di­rec­ta de ac­cio­nes hu­ma­nas y el cam­bio cli­má­ti­co.

De­be­mos co­mer, pero en reali­dad, nos es­ta­mos co­mien­do al mun­do. El efec­to ex­pan­si­vo de la es­pe­cie hu­ma­na, para sa­tis­fa­cer sus ne­ce­si­da­des bá­si­cas (con­su­mo en­do­so­má­ti­co) y no bá­si­cas (con­su­mo exo­so­má­ti­co), está ha­cien­do que con­su­ma­mos casi la mi­tad de todo “el pla­to de ali­men­tos” dis­po­ni­ble. Poco les que­da a las otras es­pe­cies.

Se­gún el Re­por­te Mun­dial del IP­BES, es­ta­mos en ca­mino de per­der una de cada ocho es­pe­cies que ha­bi­tan el pla­ne­ta, o lo que es lo mis­mo, al­re­de­dor de un mi­llón de es­pe­cies (10 por cien­to de in­sec­tos y 25 por cien­to de otros ani­ma­les y plan­tas) en las pró­xi­mas dé­ca­das. El 75 por cien­to del am­bien­te te­rres­tre, el 40 por cien­to del am­bien­te ma­rino y el 50 por cien­to de los arro­yos y ríos se en­cuen­tran se­ve­ra­men­te al­te­ra­dos.

Es in­con­men­su­ra­ble el va­lor de la na­tu­ra­le­za y de los ser­vi­cios eco­sis­té­mi­cos pres­ta­dos a la hu­ma­ni­dad, im­pres­cin­di­bles para su vida y desa­rro­llo. Si sólo le pu­sié­ra­mos una par­te de tal enor­me va­lor – su par­te mo­ne­ta­ria – el IP­BES Amé­ri­cas nos in­di­ca que: “El va­lor de las con­tri­bu­cio­nes de la na­tu­ra­le­za a la po­bla­ción de las Amé­ri­cas es de más de 24 bi­llo­nes de dó­la­res por año (equi­va­len­te al PIB de la re­gión), sin em­bar­go, casi dos ter­cios – 65 por cien­to – de es­tas con­tri­bu­cio­nes es­tán dis­mi­nu­yen­do fuer­te­men­te”.

El cam­bio cli­má­ti­co in­du­ci­do por el hom­bre, que afec­ta la tem­pe­ra­tu­ra, las pre­ci­pi­ta­cio­nes y la na­tu­ra­le­za de los even­tos ex­tre­mos, lle­va cada vez más a la pér­di­da de la bio­di­ver­si­dad y a la dis­mi­nu­ción de las con­tri­bu­cio­nes de la na­tu­ra­le­za a las per­so­nas, em­peo­ran­do el im­pac­to de la de­gra­da­ción del há­bi­tat, la con­ta­mi­na­ción, las es­pe­cies in­va­so­ras y la so­bre­ex­plo­ta­ción de los re­cur­sos na­tu­ra­les.

El cam­bio cli­má­ti­co y el cam­bio am­bien­tal glo­bal son dos ho­jas de una ti­je­ra po­de­ro­sa, en­tre las que es­ta­mos no­so­tros. La enor­me preo­cu­pa­ción cien­tí­fi­ca y la bi­blio­te­ca de co­no­ci­mien­tos apor­ta­da para in­ten­tar ha­cer com­pren­der a quie­nes ma­ne­jan las es­truc­tu­ras de po­der pa­re­ce al me­nos co­men­zar a ser aten­di­da. Es­ta­mos en el lí­mi­te ha­cia un cam­bio en el rum­bo o en un ca­mino que nos en­fren­ta­rá a pro­ce­sos irre­ver­si­bles. El nú­me­ro má­gi­co de 1,5 °C es el lí­mi­te acep­ta­ble an­tes de en­con­trar­nos con una gran trans­for­ma­ción.

El “pá­ra­te” glo­bal, de­ri­va­do de la CO­VID-19, mos­tró al mun­do, al­gu­nos efec­tos be­né­fi­cos de este de­te­ni­mien­to for­zo­so. Pero no es me­nes­ter, “ha­cer­se eco­lo­gis­ta por la fuer­za”, sino que será muy ne­ce­sa­rio un cam­bio de mi­ra­das so­bre el in­sos­te­ni­ble sis­te­ma de ex­trac­ción, pro­duc­ción, trans­for­ma­ción, con­su­mo e in­ter­cam­bios por otro pa­ra­dig­ma ci­vi­li­za­to­rio, aho­ra sos­te­ni­ble.

Wal­ter Pen­gue es In­ge­nie­ro Agró­no­mo, con for­ma­ción en Ge­né­ti­ca Ve­ge­tal. Es Más­ter en Po­lí­ti­cas Am­bien­ta­les y Te­rri­to­ria­les de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Ai­res. Doc­tor en Agroe­co­lo­gía por la Uni­ver­si­dad de Cór­do­ba, Es­pa­ña. Es Di­rec­tor del Gru­po de Eco­lo­gía del Pai­sa­je y Me­dio Am­bien­te de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Ai­res (GE­PA­MA). Pro­fe­sor Ti­tu­lar de Eco­no­mía Eco­ló­gi­ca, Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Ge­ne­ral Sar­mien­to. Es Miem­bro del Gru­po Eje­cu­ti­vo del TEEB Agri­cul­tu­re and Food de las Na­cio­nes Uni­das y miem­bro Cien­tí­fi­co del Re­por­te VI del IPCC.

Ecoportal.net

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Acerca del Autor

Walter Pengue

Ingeniero Agrónomo (con especialización en Fitotecnia (Mejoramiento Genético Vegetal) (UBA) y Magíster en Políticas Ambientales y Territoriales de la Universidad de Buenos Aires, UBA, Argentina.
Doctor en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural (Universidad de Córdoba, España, UE). Director del Programa de Posgrado en Actualización en Economía Ecológica. Coordinador del Área en el GEPAMA, FADU, UBA. Subdirector del GEPAMA, ISU, FADU. UBA (dedicación simple). Ha realizado estancias postdoctorales en Tromso (Noruega) y Christchurch (Nueva Zelanda).
Profesor Titular (por concurso) del Area de Ecología, línea Economía Ecológica, Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto del Conurbano (dedicación completa).
Miembro Científico del Panel Internacional de los Recursos (Resource Panel) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP/PNUMA) y Cochair del Grupo Suelos Global (2009-2016)
Es Miembro del IPBES - Intergovernmental science-policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES) y del IPBES Americas.
Desde 2016, es miembro del Comité Ejecutivo del TEEB, The Economy of Ecosystem and Biodiversity, Agriculture & Food.
También forma parte de la CADES, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Argentina.
En 2016, es nombrado Académico de Número, de la ACADEMIA ARGENTINA DE CIENCIAS DEL AMBIENTE. Walter Pengue, ha sido uno de los miembros fundadores de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, SOCLA, una de las sociedades científicas más relevantes en el impulso de la Agroecología, en las escalas nacional, latinoamericana y global, cuyo fundador fuera el relevante agroecólogo, Miguel Altieri.

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