Habitat Urbano

Comunidades de Transición: Preparándose para el fin del Petróleo

Un cambio de forma de vida requiere de un cambio en la emoción que nos impulsa. Iniciativas como las comunidades en transición hacia un mundo más resiliente nos invitan a pasar de la rabia que nos produce la lucha contra el sistema a impregnarnos de la energía creadora de ser parte de proyectos que sean el cuerpo del cambio que queremos ver en el mundo.

Por J. Cristóbal Juffe V.

Durante décadas los movimientos ecologistas y ambientalistas han realizado una lucha – completamente justificada- por hacer evidente la devastación que nuestro sistema de vida está causando en el planeta y en los seres que lo habitamos.

Muchas veces estas campañas se han centrado en el terror del cambio climático, de la escasez de comida, de la extinción de miles de especies, del agotamiento de los recursos, de la muerte de miles de personas por la irresponsabilidad de un crecimiento sin límites, pero a pesar de que se ha logrado crear consciencia, pareciera que nos cuesta mucho realizar pequeños cambios en nuestro estilo de vida para evitar la catástrofe.

Esto tiene una posible explicación desde la propia psicología de los seres humanos: Nos cerramos a lo negativo y somos inmediatistas; tendemos a evadir lo problemático y somos muy malos para cambiar una conducta actual por los posibles daños futuros que esta puede provocar.

Así es como fácilmente nos evadimos de la preocupación del derretimiento de los glaciares y salimos a pasear en nuestra camioneta gigante que rinde menos de 10 kilómetros por cada litro de petróleo que consumimos.

Renovación de conceptos

Rob Hopkins, fundador del movimiento “en transición” a nivel mundial, ha propuesto dejar de centrarnos en lo ecológico o sustentable de nuestros sistemas para pasar a focalizarnos en la vulnerabilidad o resiliencia de las comunidades en que vivimos.

Si aplicamos esta premisa en un supermercado, por ejemplo, dejaremos de preocuparnos simplemente del consumo energético de los frigoríficos o del gasto eléctrico de la iluminación, para comenzar a mejorar la cadena de abastecimiento de nuestros alimentos. ¿Cómo es posible que dos tercios de los alimentos que consumimos hayan viajado más de mil kilómetros? ¿Cuán seguro es que en nuestros abastecimientos tengamos reserva solo para dos días de comida en caso de que falle el transporte que los trae desde tan lejos?

De esta forma, podemos pasar de pensar en el cambio climático y sus efectos a veinte años para poner énfasis en la vulnerabilidad de nuestros sistemas actuales, que no están preparados para ninguna eventualidad, porque se basan en la falsa premisa de que los sistemas de transporte y comunicaciones globales estarán siempre disponibles.

La motivación de esta toma de consciencia no es entrar en pánico y comenzar a dar vueltas en círculos gritando, sino, por el contrario, comenzar a dejar de pensar en estas soluciones globales e ir estableciendo soluciones locales, eficientes y resilientes.

¿Por qué el petróleo?

Durante miles de año la humanidad soñó con tener el poder de realizar grandes hazañas, y así lo reflejan nuestros cuentos: Botas de siete leguas para viajar rápidamente, duendes laboriosos que hicieran el trabajo mientras dormíamos y calderos que producían comida por tiempo indefinido.

Todos estos sueños se hicieron realidad con un concentrado de energía solar destilado durante millones de años que surge desde el fondo de la tierra con un espeso color negro: El petróleo.

Confundir a los niños

Mucho impacto me causó una frase del libro Energía para conocer, decidir y proteger dirigido a los estudiantes de nuestro país, elaborado por la Universidad Católica en conjunto con GDF Suez Energy, que señala: “Aunque con frecuencia se habla del agotamiento de las reservas de combustibles fósiles, estas siguen aumentando debido a la constante búsqueda de nuevos yacimientos, al desarrollo de modernas técnicas de extracción, y a la continua alza del precio de los combustibles que hacen rentables reservas que antes no eran económicas”.

El indicar que la reservas de combustibles fósiles siguen aumentando es complemente contradictorio con los datos duros actuales y, al señalar que el alza de precios favorece este aumento, se deja entrever que claramente no se está pensando en soluciones para la mayoría, sino solo para quienes son capaces de pagar los disparatados costos que se prevén para el petróleo a futuro.

Finalmente, el libro, pese a que hace un recorrido por una gran cantidad de fuentes de energía renovable y no contaminante, termina concluyendo que la mejor solución para el futuro es: La energía nuclear.

Un solo litro de esta mágica sustancia puede mover máquinas y con ello producir el equivalente a una persona trabajando durante 35 días. Este oro negro ha reducido el planeta entero a un viaje posible de realizar en algunas horas, ha puesto a funcionar fábricas inagotables de productos que permitieron el apogeo de la segunda revolución industrial y, con ello, han hecho resplandecer nuestras grandes ciudades.

Toda nuestra economía globalizada solo es posible con petróleo barato y mano de obra casi esclava; sin estos elementos es impensable la idea de que nuestros teléfonos celulares sean fabricados en China con materias primas africanas para compañías norteamericanas, para ser envasados en el sudeste asiático, enviadas a América para ser vendidas en Chile por una compañía europea.

Hemos basado toda nuestra sociedad y sistema de vida a partir de la ilusoria idea de que el petróleo no se agotará nunca, que por siempre podremos traer frutas desde el otro lado del planeta para nuestro desayuno. Pero esto no es verdad.

En el año 2006 el petróleo llegó a su máximo peak de producción y, desde entonces, ha comenzado a descender, a pesar de que algunos libros “educacionales” digan lo contrario (ver recuadro). Actualmente solo encontramos 1 barril de petróleo por cada 4 que consumimos, y la tasa va disminuyendo.

Por lo tanto, es completamente necesario que nos replanteemos este estilo de vida basado de manera absoluta en el petróleo para generar sistemas que nos permitan mantener o aumentar nuestra calidad de vida cuando esta mágica sustancia deje de estar disponible. Esta es la idea de las comunidades en transición.

Las bases de la resiliencia


Un principio fundamental de las comunidades en transición es que no existen recetas. Cada comunidad tiene realidades diferentes, personas distintas y necesidades propias, por lo tanto, cada cual, en conjunto, debe desarrollar su propia solución. Pero hay algunas ideas que ya han funcionado en las más de mil comunidades en transición (registradas oficialmente) que existen a lo largo del planeta:

– Plantar comida: No tienen ningún sentido que traigamos nuestros alimentos desde el otro lado del planeta si podemos hacerla crecer en nuestra comunidad. Y no se trata solo de hacer huertos personales o comunitarios, sino de activar las redes locales con los granjeros que son parte de nuestras propias comunidades o que tienen sus plantaciones cerca de éstas. Si hacemos acuerdos directos con ellos, asegurándoles cierto nivel de ventas anuales, podemos ayudarlos a que transiten hacia formas de producción más sanas y más limpias.

– Cervecerías de y para la comunidad: Es una excelente forma de generar ingresos para la comunidad, evitando que el dinero se vaya hacia grandes conglomerados comerciales.

– Panaderías de y para la comunidad: Algo tan necesario como el pan puede ser fabricado por la propia comunidad que la consumirá. De esta forma se generan ingresos y se mejora la calidad del producto.

– Construir relaciones en la comunidad: El trabajo voluntario puede agotar a cualquiera, por eso es necesario construir relaciones firmes al interior de la comunidad para que se apoyen mutuamente en este proceso de construcción de comunidad.

– Transición calle a calle: Hacer cambios en una comunidad puede ser muy ambicioso para lograrlo de una sola vez; por eso, se propone hacer el cambio calle a calle. Con la ayuda de toda la comunidad se crea paso a paso la realidad que deseamos.

– Plantas de energía administradas por y para la comunidad: Una de las formas más importantes de resiliencia de una comunidad es su autonomía energética. Todas las familias gastamos verdaderas fortunas mes a mes en las cuentas de electricidad. Si entre todos realizamos las inversiones adecuadas, podemos crear plantas de generación de electricidad limpia y que además produzcan ganancias para la comunidad.

– Re-economía: Todos estos proyectos provocan cambios importantes al interior de las economías locales, generando más empleos que las grandes cadenas, fabricando productos más sanos para los consumidores y para el medio ambiente y mejorando la calidad de vida al interior de las comunidades. Se puede generar formas de intercambio alternativo, como el trueque y los bancos de tiempo, e incluso hay algunas comunidades que han decidido crear monedas locales para evitar la fuga de recursos.

Para crear una comunidad en transición solo es necesario que dos o más personas tengan la iniciativa y se la presenten a su comunidad. Esto no es un trabajo aislado, debe hacerse en conjunto, y la experiencia hasta el momento muestra que cuando esto se presenta a nivel de municipalidades y a nivel vecinal tiene muy buena acogida, tanto por el aparato gubernamental, que cuenta con fondos para invertir en desarrollo comunitario, como por parte de los ciudadanos, ya que casi todos hemos sido agotados por un sistema económico y social que nos está carcomiendo y, por lo tanto, estamos buscando alternativas para vivir mejor.

Cambiar la emoción

Pero el cambio no se trata solo de pasar de tener un basurero a tener 4 diferenciados para el reciclaje; también consiste en dejar de pelear contra un sistema inamovible; en dejar de tener miedo y rabia, para comenzar a sembrar felicidad, para construir el sistema que queremos, para volver a conocer a nuestros vecinos y juntos crear la sociedad que deseamos.

Desde mi punto de vista, se trata de cambiar una sociedad basada en la competencia y el miedo a una sociedad basada en la colaboración y el cariño, comprendiendo que somos parte de un sistema integral, y que en la medida que más nos asemejemos al funcionamiento de los sistemas naturales, menos energía extra necesitaremos para funcionar, y por lo tanto, seremos más resilientes y, además, viviremos mejor. Ecoportal.net

Se puede encontrar más información en el sitio web: http://www.transitionnetwork.org/

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