La ONU decidió actuar rápidamente para intentar poner orden en el tablero de la transición energética. Hoy los pasillos de la histórica sede de la ONU, en Nueva York, acogen una cumbre de alto nivel convocada específicamente para poner sobre la mesa un problema estructural que se soslayaba en las cumbres climáticas. Efectivamente, eso es lo que hizo el mundo occidental: prometer apagar motores de combustión. Las tecnologías que dan pie a ese despliegue, los parques solares y las pesadas baterías que mueven a los coches eléctricos, dependen de la lista muy limitada de minerales críticos. La complejidad de la escasez se ha incrementado al sumarse a esta carrera industrial el explosivo despliegue de la IA.
Los costos escondidos de la tecnología limpia
De forma legítima, nadie duda que el pasar de la quema de combustibles fósiles es un paso absolutamente necesario para parar el retorno a la normalidad del clima. El dilema moral y logístico emerge si encuadramos el mapa geográfico y buscamos los orígenes de los ingredientes para este futuro verde.
Las regiones periféricas que sostienen los grandes yacimientos de minerales raros padecen una presión económica que pone del revés su cotidianidad. La minería a cielo abierto y a gran escala produce profundos problemas sociales y medioambientales que echan por tierra la imagen intachable que vende la industria tecnológica.
El Programa de la ONU para el Medio Ambiente viene advirtiendo de esta incomodidad desde hace años. La lógica de su aviso es elemental: la transición energética deja de tener valor moral si el sacrificio a realizar es el de los territorios de los países en vías de desarrollo para que grandes capitales financieros hagan lucir las estadísticas del tipo de emisiones neutras.
Las voces que piden transparencia en el tablero internacional
La ONU es consciente de que minimizar este conflicto de intereses requiere de una mesa de negociación suficientemente amplia que asimile todos los eslabones que participan en el negocio minero. Por eso la mesa convocada para la jornada no es exclusivamente un espacio de intercambio entre ministros de uno y otro gobierno y directores ejecutivos de las corporaciones privadas que financian la actividad excavadora, sino que otorga también un lugar verdaderamente preferente a las organizaciones civiles y los pueblos indígenas.
La entrada de las comunidades originarias en esta discusión significa un quiebre necesario en la manera de practicar la política internacional. Durante siglos, esos grupos humanos han sido los guardianes naturales de los mismos cerros y valles donde hoy se distribuyen las minas más rentables del planeta de litio, cobalto y cobre, soportando con frecuencia el impacto de la degradación ambiental sin recibir casi un céntimo de las riquezas.
La economía circular como última salida
De un lado, transformando las técnicas de perforación y utilizando maquinaria más limpia en el propio lugar, se cree poder encontrar sólo una solución intermedia, pero la verdadera solución, a largo plazo, es reducir al mínimo la extracción de material virgen de las montañas.
Las actualizaciones recientes de los equipos medioambientales de la ONU ponen de manifiesto la necesidad de una estrategia de maniobra que empiece por dar prioridad a la gestión de los escombros y a una estricta supervisión de los productos químicos a los que recurre la industria pesada para la separación de los metales: evitar que los contaminantes acaben suspendidos en el aire o en las aguas subterráneas durante la planificación del procesamiento mineral.
Es momento para que la economía circular comience a ser la señal de identidad industrial. Si la demanda mundial de estos materiales críticos se triplicara en un puñado de años, será físicamente imposible que la corteza terrestre aguante un ciclo de economía basado en usar la tecnología por un momento y luego tirarlo todo.
