Algas, una revolución alimentaria atrapada por la burocracia

La acuicultura española se compone principalmente de vida marina, pero hay una presencia menor de macroalgas, a las que comúnmente se hace referencia como algas. Este grupo constituye una parte extremadamente pequeña (0,002%) de la producción acuícola total en esta región.

Si bien los problemas burocráticos han frenado el crecimiento del mercado agrícola, los expertos creen que tiene un inmenso potencial en el futuro. Con las medidas adecuadas, este sector podría ofrecer resultados prometedores en los próximos años. Este es sólo el comienzo; hay mucho potencial sin explotar en lo que respecta a la disponibilidad de datos. Hay un enorme potencial de crecimiento en este campo.

Como dice el proverbio: “El pez no vive en el agua clara. Son las algas las que le permiten desarrollarse plenamente hasta su madurez” Yamamoto Tsunetomo

Según fuentes de la Asociación Empresarial de Acuicultura de España, la recolección acuícola en España ha superado las 327.000 toneladas y unas escasas 5 de esas toneladas proceden del cultivo de macroalgas. Esta tasa porcentual se basa en las cifras encontradas en su último informe.

Qué dicen los expertos en algas

Javier Cremades

El catedrático de Botánica de la Universidad da Coruña, Javier Cremades, atribuye la situación a una “falta de tradición y experiencia” con este cultivo, así como a dificultades burocráticas. “Estamos muy atrasados en este tema. No hay tradición en el cultivo ni en el consumo de algas. La mano de obra es escasa y para conseguir concesiones hay mucha burocracia. Una empresa que quiera empezar puede estar dos o tres años de papeleos previos hasta que le dejen un sitio para cultivar”, afirma el experto.

El cultivo de macroalgas enfrenta también “problemas de rentabilidad y falta de mercado”, abunda el experto, que relata casos de emprendimientos que, tras años de inversiones, tuvieron que abandonar por no poder vender el producto.

Dentro de un corto período, el mercado de las algas podría experimentar un crecimiento exponencial. Ahora mismo, es el mejor momento para capitalizar esta oportunidad. No muy lejos de Gotemburgo, en las aguas cristalinas de la costa sueca, Gaëtan Zackrisson y su equipo están explorando una empresa única; cultivando algas sobre decenas de kilómetros de cuerdas bajo la superficie del agua. Es una empresa interesante e innovadora que tiene un gran potencial. La lechuga de mar (ulva) no es un alga muy común.

Este tipo de cultivo marino todavía se está experimentando y se encuentra principalmente fuera de las granjas marinas. Sin embargo, se expandirá rápidamente en un corto período, ya sea con la certificación "bio" o con la acuicultura convencional.

Sector ecológico

El consumo de algas en España es todavía un sector relativamente nuevo y, sin embargo, muchas empresas se han sumado al carro. Algamar, Porto Muiños, Alga Cochayuyo y Galuriña se encuentran entre los pioneros de este movimiento, todos los cuales se esfuerzan por producir productos orgánicos de algas.

La industria de las algas orgánicas se disparó y otras empresas comenzaron a ofrecer sus productos también, aunque sin ninguna certificación orgánica para los mercados convencionales. Algunos de los mejores chefs del mundo han hecho de las algas un ingrediente popular y las han presentado al público en general.

Esto no solo ha abierto un nuevo mundo de sabores para explorar, sino que también ha resaltado su valor nutricional. Ramón Cónsul, de Alga Cochayuyo, señala: “En estos momentos, las algas empiezan a pasar de ser un ingrediente casi desconocido a ser un alimento muy apreciado en la alta cocina. Su singularidad, su textura, su versatilidad, su sabor diferencial… las convierte en una nueva experiencia culinaria que muchos ‘chefs’ no pueden rechazar”.  

A fines de 2022, Pinterest predijo sus selecciones de las tendencias que serán más populares en 2023. Presentó 12 categorías diferentes con 27 tendencias individuales que incluían 3 relacionadas con alimentos y bebidas. La lista de diariodegastronomia.com recientemente puso las algas en el centro de atención de los intereses de los consumidores. Se puede encontrar tanto en mercados ecológicos como convencionales, y Galicia es la comunidad autónoma española que produce/cultiva y recoge la mayor cantidad de ellos.

Vincent Doumeizel

Vincent Doumeizel es un gran experto en el tema de las algas y es autor del libro “La revolución de las algas” (Urano). Nos comentó recientemente: “Nuestros sistemas alimentarios no pueden proporcionar más de lo que actualmente ya producimos en tierra. Mientras tanto, tenemos casi 300.000 personas más al año que alimentar en el planeta, así como 800 millones de personas que pasan hambre en todo el mundo, y el crecimiento de 1 de cada 4 niños no es nutricionalmente satisfactorio...

A pesar de ello, según los científicos, basándose en el rápido crecimiento de la población y el cambio en las dietas, tenemos que producir tantos alimentos en los próximos 50 años como los que hemos producido en los últimos 10.000 años...

Por otro lado, también somos la primera generación que sabe que el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad se ven incrementados en gran medida por nuestros actuales sistemas alimentarios terrestres. 

El océano cubre el 70% del planeta y sólo aporta el 2% de nuestro suministro de calorías. Además, los océanos son destruidos masivamente por la contaminación terrestre. La Universidad de Wageningen (Países Bajos) calculó que el 2% del océano podría alimentar a todo el planeta en proteínas.

Tenemos un océano de soluciones para nuestros sistemas alimentarios y las algas son la piedra angular de la regeneración. Las algas son la fuente de la vida en nuestro planeta. Si queremos reconstruir los ecosistemas de nuestro planeta en lugar de destruirlos, el océano, y las algas en particular, son un excelente punto de partida”.

También le preguntamos sobre si las algas del futuro serán recolectadas o cultivadas.

Lo tiene claro: “Cultivadas, sin duda. Si queremos producir algas a gran escala y no dañar el medio ambiente, tendremos que aprender a cultivar nuestras algas locales. Lo que puede ser el mayor reto de todos.

En definitiva, hace 12.000 años, todos nosotros, como seres humanos, pasamos de la prehistoria a la historia moderna cuando dejamos de ser cazadores y recolectores para convertirnos en agricultores en tierra firme. Hoy seguimos en la Edad de Piedra en lo que respecta al océano: cazamos peces y recogemos algas silvestres.

Es hora de civilizarnos con el océano y crear un modelo regenerativo con el mayor ecosistema de nuestro planeta para alimentar a todo el mundo con alimentos seguros y sostenibles. Hoy en día, se producen más de 35 millones de toneladas de algas en todo el mundo. El 98% de ellas proceden de Asia, donde se cultivan. Este sector genera 15.000 millones de dólares de ingresos, crece un 10% al año y da empleo a más de 8 millones de personas.

En cuanto a mi país, Francia, posee el segundo territorio marítimo más extenso del mundo, un centro de competencias reconocido internacionalmente en Bretaña y una biodiversidad de algas excepcional, pero aun así Francia sólo representa el 0,1% de la producción mundial de algas. Y a pesar de ello, el 99% de esta limitadísima producción procede de la recolección de algas silvestres, lo que a veces puede poner en peligro las especies”.

Y añade: “Hasta ahora, este recurso sólo se cultiva adecuadamente en Asia, ya que no necesita tierra, pesticidas ni agua dulce. Las algas sólo necesitan agua salada y sol para crecer.Mientras tanto, este nuevo cultivo también puede representar una solución natural para mitigar el calentamiento global.

De hecho, no sólo las algas marinas contribuyen a descarbonizar nuestra economía proporcionando recursos para sustituir productos con altas emisiones de carbono, como se ha mencionado anteriormente, sino que además estos bosques marinos, que a veces crecen 40 cm al día hasta alcanzar los 60 metros de altura, absorben muchos más GEI que cualquier bosque tropical terrestre.

Además, a diferencia de las plantas terrestres, donde el carbono se libera rápidamente por degradación bacteriana al final del ciclo, parte del carbono de las algas se pierde durante su fase de crecimiento y acaba en los sedimentos abisales, donde, por no haber, no hay bacterias que las degraden. Allí puede secuestrarse durante millones de años. Por tanto, las algas representan un sumidero de carbono masivo y natural. En determinadas circunstancias, el cultivo de algas podría contribuir a invertir el cambio climático”.

Y zanja: “Esto es tanto más importante cuanto que los bosques de algas silvestres son cada vez más vulnerables a las alteraciones de los ecosistemas oceánicos causadas por la actividad humana. Ya hemos perdido el 80% de los bosques de las costas de California, lo que ha provocado la extinción de 750 especies.

A todos nos preocupan los incendios y la deforestación en el Amazonas, pero ¿a quién le importa la pérdida de estos bosques marinos? Hay un incendio bajo el Océano y a nadie le importa. Debemos -con urgencia- proteger, replantar y cultivar estas plantas marinas: de lo contrario desaparecerán. Y nosotros también. Pero aquí hay un gran vacío científico. Necesitamos más biólogos y científicos marinos para conocer la enorme complejidad de estos organismos tan diferentes.

Necesitamos una nueva generación de científicos que puedan aprender de nuestros errores, como las GMA, la agricultura industrial o el monocultivo, y crear en su lugar una permacultura oceánica altamente regenerativa”.

Josefina Llargués

Josefina Llargués acaba de publicar “La farmacia del mar. Algas y agua de mar”. La autora ha señalado a “El Ecomensajero Digital”: “A lo largo de la Historia, el mar siempre ha fascinado a la Humanidad. En el caso de las algas, la ciencia ha demostrado que estos organismos humildes, que bailan al ritmo del oleaje de mares y océanos, son parte inseparable del origen de la vida y un soporte vital para el ecosistema marino y para el planeta.

Nos suministran, entre otros, proteínas, vitaminas, minerales, oligoelementos; ácidos grasos poliinsaturados, polifenoles, pigmentos…, así como una interesante cantidad de fibra dietética soluble e insoluble y también ciertos compuestos específicos, como los alginatos, con un gran potencial terapéutico y con capacidad para neutralizar toxinas, dioxinas y metales pesados del organismo, o el fucoidano y el laminarano, considerados los principales polisacáridos sulfatados de las algas pardas, a los que la ciencia atribuye actividad inmunomoduladora, antiinflamatoria, antiviral, antialérgica, antioxidante, etc.”.

Y avisa: “Lo importante es sumar; no restar. Por lo que, idealmente, las algas deberían complementar una alimentación saludable, sin renunciar al fantástico abanico de verduras que tenemos la inmensa suerte de disfrutar en nuestro clima mediterráneo.

Sin embargo, el cultivo intensivo, que cada vez exige más producción a la tierra, que no respeta el barbecho que permite que el suelo recupere minerales, y que abona los campos con todo tipo de agroquímicos, se traduce en cosechas pobres en nutrientes y repletas de pesticidas, herbicidas, plaguicidas…

El suelo está agotado y desmineralizado y, pese a la sobreabundancia de comida en el mundo industrializado, a menudo desperdiciada, los alimentos no nos nutren lo suficiente ni nos aportan la energía necesaria. De ahí la importancia de optar, siempre que sea posible, por la agricultura ecológica y por alimentos como las algas marinas y el agua de mar que nos aportarán, en perfecta sinergia, aquellos minerales deficitarios en nuestra alimentación.

No podemos ignorar tampoco que, en la actualidad, a raíz de las largas sequías y el calentamiento global, aumentan el número de tierras agrícolas improductivas en muchos lugares del planeta. Si se confirman los pronósticos de la Agencia Europea del Medioambiente (AEMS) y de la OMS, en 2030 el estrés hídrico en España podría afectar al 65% de la población, situación que se agrava en las áreas desérticas del planeta, donde los recursos de agua dulce son extremadamente limitados y no se reponen.

Así pues, las algas podrían llegar a convertirse en las verduras del futuro, ya que una vez deshidratadas, se conservan en perfectas condiciones durante mucho tiempo”.

Con información de vidasana.org