Desarrollo Sustentable

Más allá de la huella ecológica

Cada persona tiene obligaciones ambientales con el entorno que habita. Si vivimos ajenos a la realidad ecológica que enfrentan nuestras ciudades, se produce un desequilibrio en los recursos naturales presentes. Así, la tarea conservacionista se convierte en libre albedrío para quienes se aprovechan del Medio Ambiente, en busca de cumplir a cabalidad con la rutina laboral, académica u hogareña.

Por Carlos Fermín

Al NO asumir la responsabilidad social con los ecosistemas que yacen en el planeta Tierra, se pone en franco riesgo el bienestar de la Naturaleza.

Cuando tomamos las llaves, prendemos el motor del carro y aceleramos hasta la oficina, la universidad, o el supermercado, siempre pensamos en trabajar, estudiar o comprar, pero nunca meditamos sobre el precio a pagar por abusar del ámbito geográfico. Se desea llegar con puntualidad suiza a esos lugares, sin medir el aire contaminado que sale por el tubo de escape, sin reciclar el plástico en que envuelven las hortalizas, y gastando infinidad de papel al imprimir el informe de biología.

Es el reflejo de un modus vivendi totalmente esquivo a la Educación Ambiental, y que se confabula con la indiferencia ciudadana para jamás reflexionar, denunciar o remediar esos agravios en sus localidades. A su vez, la falta de políticas públicas de los gobiernos de turno, que obliguen a trasladar los valores ecológicos a las calles y colegios latinoamericanos, establece un irreparable deterioro en la salud de los hábitats. Lo preocupante, es que el descontrol ambiental no distingue estrato social, poder económico o raza étnica a la que pertenezcas, pues se trata de un problema holístico que amerita de decisiones y acciones positivas en cada uno de nosotros, para empezar a soñar con una nueva perspectiva de vida. Con apenas regalar sonrisas al prójimo, abrazar con afecto a la familia, estar pendiente de los amigos y no tener miedo de pedir ayuda, estaremos sembrando la semilla del futuro verde por descubrir.

Lo lamentable, es que la locura urbana que se expresa al desesperarnos tocando el claxon en el ruidoso tráfico citadino, con las exageradas luces nocturnas que iluminan los centros comerciales y con la basura doméstica que acaba sumergida en los ríos, deja una gran polución que ambientalmente genera contaminación sónica, lumínica y del agua, pero que en términos emocionales produce ansiedad, hostilidad y fastidio generalizado. Por eso nos preguntamos ¿Cómo afectan esos malos pensamientos al Medio Ambiente? Vemos que la esclavización mediática creada por la Sociedad Moderna, se encarga de aniquilar el juicio ambiental en la mente de las víctimas, que no reconocen su rol participativo y protagónico en la protección o destrucción de la Naturaleza. Para ellos, cualquier cosa es más importante que practicar la tarea conservacionista, porque Gaia no es quien termina pagando el recibo vencido de la luz, del agua, del teléfono y del gas. Sin embargo, esa negativa forma de pensar, nos desvincula por completo de la cultura del reciclaje, de la eficiencia energética, de las fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidráulica, geotérmica) y del uso racional del agua potable. Ya nadie quiere incienso con aroma a sándalo, porque prefieren vender la semilla transgénica a los santos inocentes. En un abrir y cerrar de ojos, se olvidaron del sentido altruista que impregnaba sus vidas, y se convirtieron en robots que sólo piensan en ganar dinero, casarse por la iglesia, tener muchos hijos y nunca mirarse frente al espejo. Para los hombres y las mujeres del glorioso siglo XXI, el fin siempre justifica el medio para conseguirlo, lo que demuestra el ancestral rumbo errático del orbe.

Por tal motivo, resulta ilógico saber que la huella ecológica, es un arcaico indicador que mide el impacto ambiental ocasionado por las actividades humanas, que demandan el uso progresivo de los recursos naturales del planeta Tierra. Además, parece que los científicos de la Universidad de Toronto en Canadá, no se equivocaron al detectar en la atmósfera el gas artificial Perfluorotributylamine (PFTBA), que es 7000 veces más contaminante que el archiconocido dióxido de carbono (CO2), y que se viene empleando en la fabricación de piezas electrónicas a escala global. El mencionado compuesto sintético podría acompañarnos por más de 100 años, antes que su agresiva toxicidad se disipe. Eso sería una catástrofe de proporciones bíblicas para el Mundo, que dejaría en el funesto libro de los recuerdos al tradicional Efecto Invernadero, al Cambio Climático y al Calentamiento Global.

Quizás el reloj de arena ya empezó a quedarse sin agujas en la sequía del desierto. No obstante, todos sabemos que las transnacionales seguirán vistiendo de consumismo a los herederos del Tío Sam, hasta que la muerte los separe en el infierno capitalista. Por eso, debemos despertar del letargo y no caer presos en las garras del ecocidio. Es absurdo pedirle a la gente silvestre, que asimile conceptos ambientales extremadamente alejados de la práctica ordinaria que cotejan a diario. Lo afirmamos, ya que en el mundo de la ecología, los hechos valen mucho más que las palabras, y depende de nosotros fomentar el interés común en las personas de carne y hueso que esperan reinventar su estilo de vida. Creemos que la voluntad, la introspección y el discernimiento, son los grandes aliados para cambiar la actitud pasiva y generar tres respuestas positivas de cambio.

Reinvención Espiritual

Para lograr un estado positivo en la interacción del trinomio Hombre-Medio-Sociedad, es vital tener la voluntad de aprender de los errores y aceptar nuestras debilidades. No se trata de señalar culpables, ogros y verdugos en la película de terror, sino de entender que el planeta Tierra es nuestro mejor amigo en la vida, el refugio que nos da un techo seguro donde vivir, y la esperanza de preservar la sagrada oración divina. Pese a que la mano irracional del Hombre lo ha convertido en el escenario de guerras, muertes y balas perdidas; no debemos extrapolar esa caótica realidad con la magia que atesoran los ecosistemas, la biodiversidad y los hermosos paisajes que invitan a la relajación.

Si llegamos a pensar que la Pachamama es vengativa y rencorosa por permitir todo el belicismo de calle que rige los cimientos de la Humanidad, estaríamos cayendo en la furiosa trampa del Diablo. No olvidemos que la mayoría de las calamidades originadas por los embates de la Naturaleza, son el resultado de la continua explotación de los recursos a nivel internacional, y por el vertiginoso desarrollo urbanístico en áreas verdes protegidas. La gracia de Gaia enseña a contemplar la vida dentro de una perspectiva conservacionista, que nos quita la venda de los ojos para ver el Mundo con un enfoque crítico, objetivo y humanista.

Es fundamental la inyección de valores y virtudes, como la honestidad, la paciencia, la tolerancia, la empatía y el perdón, que ayuden a sanar las heridas del pasado y a mantener el control ante situaciones adversas. Así, se mejora la salud mental que sueña con alcanzar el auto-descubrimiento. No se trata de vivir del aire, debajo de un árbol o reprimiendo el dolor, sino intentar conectarnos con la paz que irradia el trinar de los pájaros, las olas del mar, la puesta del Sol o la brisa de la noche. Tampoco es cuestión de hacer costosos viajes turísticos en busca de aventuras y experiencias, que muchas veces podemos encontrar frente a la puerta de nuestra casa, en el parque que nunca visitamos o adoptando a una mascota que nos haga compañía. Al aprovechar el clima agradable que ofrece la Naturaleza, estaremos en capacidad de analizar con detenimiento esos problemas cotidianos que todavía no hemos resuelto, y así hallar una vía pacífica para resolverlos.

Reinvención Socio-cultural

Cuando comprobamos que el contacto directo con el Medio Ambiente genera mayor sosiego y armonía ciudadana, empezamos a sorprendernos por la majestuosidad de la Naturaleza, la nobleza de la biodiversidad y la riqueza de los ecosistemas. Sin darnos cuenta, dejamos el carro estacionado en el garaje del hogar, y preferimos caminar hasta la oficina, la universidad o el supermercado, para admirar esos grandes árboles frondosos, tomarle una foto con el celular al inquieto colibrí, darle nombre a esas figurativas nubes en el cielo azulado o alimentar al perro mestizo que deambulaba frente a la entidad bancaria.

Poco a poco, se transforma en una sana costumbre interactuar con el entorno natural, y ya no queremos pasar el fin de semana viendo la televisión y bebiendo cervezas, sino trotando, corriendo y paseando en bicicleta durante una soleada tarde de domingo, junto a nuestros familiares, amigos y vecinos. De esa forma, vamos rescatando el sentido de pertenencia en los habitantes, quienes se interesan en conocer la historia viva de los lugares que visitan, que muy probablemente eran recorridos por sus abuelos, pero que debido al proceso de industrialización global se fueron descuidando o convirtiendo en tiendas de abarrotes, centros comerciales y edificios corporativos.

A su vez, van descubriendo otros espacios públicos que nunca creyeron encontrar a lo largo y ancho de los territorios que albergan. La fuerza de la introspección demuestra que formamos parte de un contexto integral que influye en los pensamientos, en el estado de ánimo y en las relaciones interpersonales. De pronto, todo cobra vida y color a nuestro alrededor, ahora queremos saber cómo se llama esa especie de árbol autóctono, cuántos ríos recorren la ciudad, o de dónde vienen las piedras que pisamos en el riachuelo. Cada pregunta nos acerca a proyectar la labor conservacionista en las comunidades, pues también se observa el grado de contaminación ambiental que aguardan esos sitios, creándose un vínculo comunicativo para toda la sociedad civil, que a la final repercute en el preservo de su propia idiosincrasia.

Reinvención ecológica

Al crecer espiritualmente y gozar de una mayor conciencia social, podemos internalizar la importancia de proteger los recursos naturales en la mente y en el corazón, lo que permitirá exteriorizar ese nuevo conocimiento adquirido en el entorno bio-físico circundante. Ya no es suficiente con estimar el Medio Ambiente, por lo que deseamos trasladar el valor ecológico a nuestra casa, en aras de llevar un modo de vida sostenible y sustentable, gracias a que contamos con el discernimiento necesario para entender que los cambios positivos individuales que yo adopte a diario, se traducirán en una mejor calidad de vida para toda la colectividad.

Es así, como las obligaciones ambientales que relatábamos al inicio del artículo, se convierten en un deber y hasta en una alegre tarea por compartir. Aquí no hay buenas y malas decisiones, ya que cualquier acción verde que te atrevas a ejercer, va sumando más y más razones para no caer en el vicio de la apatía ambiental. Por eso empezamos a practicar la Eficiencia Energética, apagando con premura los equipos eléctricos después de utilizarlos. Es frecuente cuando salimos de casa o antes de dormirnos, dejar encendido el televisor, el aire acondicionado, el reproductor DVD, la consola de videojuegos o el PC de escritorio. Vale aclarar, que el malgaste de energía de la computadora es aún mayor, pues también se deja prendido el monitor, la impresora, las cornetas, el módem, el scanner y demás periféricos que despilfarran electricidad.

El abuso del consumo eléctrico por la exagerada demanda de energía, obliga a que presionemos el botón de OFF sin titubeos. Antes de abandonar la vivienda, debemos estar pendientes de apagar las bombillas de la cocina, de las recamaras, de las salas, de los baños y del pasillo. El mito de dejar prendidas las luces para evitar la entrada de ladrones que se aprovechen de nuestra ausencia, termina desencadenando un costo elevado en la facturación mensual del servicio, y eventuales apagones por la saturación del sistema eléctrico regional. Es recomendable emplear lámparas fluorescentes compactas, y olvidarnos de las legendarias bombillas incandescentes que contaminan el ambiente.

En paralelo, es crucial desenchufar de la toma de corriente, todos los cargadores que incluyen los equipos tecnológicos portátiles, como teléfonos celulares, reproductores mp3, laptops, tabletas y cámaras digitales. Después que la pila de litio se halla cargado en su totalidad, debemos desconectar el cargador de pared y guardarlo hasta su próximo uso. Todos esos aparatos vienen con manuales e instructivos en los que se especifica el tiempo exacto en que se carga la batería, siendo necesario leer esa información y no dejarlos enchufados por pecar de ignorantes. Recordemos que la llamada “energía en reposo” o Stand-by, sigue consumiendo energía eléctrica, lo que exige usar los equipos con sapiencia.

En lo que respecta a los electrodomésticos, es relevante organizarnos al momento de usar la lavadora, la secadora y la plancha. Por el ritmo de vida actual, es común prenderlos casi todos los días para tener lista esa prenda de vestir que luciremos hoy. Pero, es consabido que esos aparatos gastan muchísima energía eléctrica, sobre todo, sin son prendidos y apagados en un mínimo lapso de tiempo. Hay que organizarse y destinar un día específico para cumplir con las actividades, creando un horario cronometrado y priorizando las prendas que realmente vayamos a ponernos en el transcurso de la semana. Cabe destacar, que encender la calefacción en los hogares, representa otro abuso de consumo eléctrico, por la mala costumbre de mantenerlo encendido las 24 horas del día. Otros equipos a usar con conciencia, incluyen al microondas, el freezer y las estufas.

Tras adoptar el ahorro de energía eléctrica, ya estamos preparados para encarar nuevos desafíos ecológicos. Sin duda, que el uso racional del agua es un inexcusable compromiso para toda persona que proyecta la conservación del Medio Ambiente. En artículos anteriores, hemos recalcado lo importante de no malgastar litros de agua potable, pensando en esas familias humildes latinoamericanas que no disponen del vital líquido, por culpa de la irracionalidad que acompaña al resto de la ciudadanía. Aunque parezca descabellado, muchos individuos dejan abierto por capricho el grifo del lavamanos, de la ducha o del lavaplatos. Así, se derrocha agua potable por doquier, lo que aparte de ser sumamente chocante para quienes defendemos los recursos de la Naturaleza, genera problemas en el suministro de la sustancia química para los demás habitantes.

Mientras te cepilles los dientes o enjabones el cuerpo al bañarte, debes evitar que el agua caiga en el suelo de la anarquía ambiental. En caso de emplear mangueras para regar las plantas del jardín, lavar el automóvil o desinfectar los pisos, es preciso usar solamente la cantidad de agua necesaria para cumplir con esas actividades, pues con frecuencia dejamos salir el agua de la manguera, mientras hablamos con los vecinos, atendemos una llamada telefónica o por simple diversión. Es mejor llenar un balde con agua, e irlo recargando conforme realizamos la limpieza, así somos conscientes de qué tanta agua potable estamos empleando, reduciendo la pérdida del preciado líquido. No recomendamos llevar el carro a los auto-lavados o contratar servicios privados de limpieza, ya que son muy costosos y malgastan miles de litros de agua para justificar el exagerado cobro.

Ya comprendimos que el agua debe ser usada con racionalidad y equidad, por lo que llegó la hora de conocer el significado de las valiosas 3Rs (reducir, reutilizar y reciclar). Es la guinda del pastel ecológico que aprenderemos a digerir, clasificar y adoptar con naturalidad en el hogar. Seamos sinceros, el reciclaje es un tema muy controvertido, ya que por décadas las películas americanas, las telenovelas y la visión cultural que recibimos de los padres, nos han hecho creer que reciclar es una tarea nauseabunda, asociada con los vagabundos de las calles, con los recoge latas e incluso con la delincuencia. Por eso, el ego que impera en el modo de vida de cada persona, lo predispone a no querer practicar el reciclaje en su vivienda, sin saber que está cometiendo un gravísimo error de lectura.


En contraposición, el reciclaje es parte de la responsabilidad socio-ambiental que todos debemos asumir con el bienestar del entorno. Es la condición más genuina de una verdadera conciencia ecológica, y que se refleja al separar los residuos orgánicos e inorgánicos. El problema es que no contamos con el apoyo de las comunidades para que el reciclaje se afiance en la realidad de los pueblos. Todos sabemos que la basura doméstica generada a diario, va a terminar contaminando los ríos, lagos y quebradas. También nos duele apreciar como se destruye la vegetación y se deforestan zonas boscosas, para construir improvisados vertederos a cielo abierto, donde se queman los residuos sólidos que producen mayores niveles de polución en las ciudades.

A causa de ello, es primordial revertir la negativa situación ambiental, entendiendo que el crecimiento endógeno de la colectividad empieza por cambiar los malos hábitos en casa, para no ser cómplices del ecocidio que perpetra el resto de la cegada población. Con el fin de lograrlo, primero debemos evitar el automatismo de lanzar los desechos al recipiente genérico de la basura. Luego, sería beneficioso buscar contenidos didácticos en la Internet o en bibliotecas, que ayuden a distinguir y clasificar los tipos de materiales (plástico, cartón, papel, vidrio, metales), que serán depositados en los contenedores con colores específicos que determinan el lugar correcto para arrojar los desechos.

Tras obtener esa sencilla información, ya podemos comenzar a reciclar el papel de aluminio, el cartón donde viene la leche, el cereal y los huevos. Vemos que las bandejitas y envoltorios transparentes en los que entregan las legumbres y el vidrio con el que protegen las aceitunas, será separado y echado en el contenedor que corresponda al color del material específico. En paralelo, las bolsas de plástico en las que envuelven miles de productos, pueden ser reutilizadas y así evitamos que acaben en la hierba del parque, en la peligrosa carretera o en las ramas de un árbol centenario. No olvidemos que los empaques de galletas, las telas desteñidas, las botellas de agua mineral, los periódicos, las tapitas de las gaseosas, las cáscaras de frutas, los potes de shampoo y las revistas antiguas, pueden aprovecharse para realizar ingeniosas manualidades que decoren el hogar, o incluso, sean una fuente de ingreso alternativa que ayude a tu familia. Es triste que viertan a los pipotes de basura, una serie de envases bellísimos y cajas enormes que esperan ser re-usadas por la mano creativa de la gente.

Si bien el panorama es alentador, nos preguntamos ¿Qué hacer con los residuos sólidos depositados en los contenedores de colores? Hay personas de buen juicio que les gusta separar los desechos del hogar, pero cuando llega el camión del aseo urbano, se horrorizan al apreciar como mezclan esos clasificados materiales con la basura desclasificada por la ignorancia de la ciudadanía. Eso genera desmotivación en los individuos, que de verdad quieren asumir el compromiso ecológico, pese a que los gobiernos se niegan a instaurar políticas ambientales para preservar el entorno. Antes de tirar la toalla, te pedimos que averigües en tu localidad sobre fundaciones y organizaciones sin fines de lucro, las cuales se encargan de recibir la basura clasificada y la trasladan a un centro de reciclaje auto-gestionable. Te advertimos que esas iniciativas son muy escasas en las ciudades donde vivimos, aunque si te decides a buscarlas con ahínco, seguro que encontrarás a esos admirables centinelas de Gaia.

Vimos que cambiar el modo de vida ambientalmente pasivo, por una longeva actitud conservacionista, nos permitió reinventar el destino ecológico que aguarda el futuro. Ahora, es tiempo de convertirnos en agentes de cambio dentro de nuestras comunidades, para compartir los conocimientos verdes con el resto de los habitantes, buscando que ellos también se atrevan a ahorrar la energía eléctrica, a usar con sensatez el agua potable y a practicar la cultura del reciclaje. Así, todos juntos sembraremos árboles, sanearemos los ríos y respetaremos la fauna. Si nuestros pasos dejan una imborrable huella positiva para las nuevas generaciones de Seres Humanos, entonces las horas de sacrificio valieron la pena.

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