Economía

Servicios ambientales y su propuesta de mercantilización y financierización de la naturaleza: Bosques, monocultivos de árboles y la ‘economía verde’

En el año en el que tendrá lugar la conferencia Rio+20 sobre medio ambiente, el WRM quiere brindar información sobre los temas que prometen ocupar un lugar privilegiado en la agenda. Entre ellos están los servicios ambientales y los fenómenos relacionados, como el pago en servicios ambientales y su comercio. Muchas personas consideran complejo este tema, tal como ocurre con temáticas semejantes, como REDD, REDD+ y el ‘mercado de carbono’. Pero, ¿se trata de temáticas realmente tan complejas? O ¿son intencionalmente presentadas de una forma ‘compleja’ para que la mayor parte de la población no las discuta, y el debate quede en manos de los llamados ‘especialistas’?

Por Movimiento Mundial por los Bosques (WRM)

En el año en el que tendrá lugar la conferencia Rio+20 sobre medio ambiente, el WRM quiere brindar información sobre los temas que prometen ocupar un lugar privilegiado en la agenda, Entre ellos están los servicios ambientales y los fenómenos relacionados, como el pago en servicios ambientales y su comercio. Muchas personas consideran complejo este tema, tal como ocurre con temáticas semejantes, como REDD, REDD+ y el ‘mercado de carbono’. Pero, ¿se trata de temáticas realmente tan complejas? O ¿son intencionalmente presentadas de una forma ‘compleja’ para que la mayor parte de la población no las discuta, y el debate quede en manos de los llamados ‘especialistas’?


Introducción

En el año en el que tendrá lugar la conferencia Rio+20 sobre medio ambiente (1), el WRM quiere brindar información sobre los temas que prometen ocupar un lugar privilegiado en la agenda de dicho evento mundial. Entre ellos están los servicios ambientales y los fenómenos relacionados, como el pago en servicios ambientales y su comercio.

La razón para abordar este tipo de tema reside en el hecho de que muchas personas lo consideran complejo, tal como ocurre con temáticas semejantes, como REDD, REDD+ y el ‘mercado de carbono’. Pero, ¿se trata de temáticas realmente tan complejas? O ¿son intencionalmente presentadas de una forma ‘compleja’ para que la mayor parte de la población no las discuta, y el debate quede en manos de los llamados ‘especialistas’?

Defendemos que los servicios ambientales y los fenómenos relacionados sean discutidos por todos/as, principalmente porque las instancias oficiales que preparan la conferencia de Rio +20 -en especial la Organización de las Naciones Unidas (ONU)- los colocan en un lugar central. Esos organismos afirman que la continuidad de la prestación de servicios ambientales, garantizados en gran medida por los bosques tropicales, y en el futuro el ‘comercio de servicios ambientales’ son fundamentales para la humanidad, y que la única forma de proteger a dichos servicios ambientales sería ponerles un precio. Pero, ¿qué hay detrás de esa perspectiva y cuáles son sus consecuencias, en relación sobre todo a las comunidades que viven en los bosques y dependen de ellos?

Este artículo busca tratar estas cuestiones, porque el comercio en servicios ambientales tiene grandes consecuencias, ya que implica una profundización del proceso de mercantilización (2) y financierización (3) de la naturaleza. Significa un avance, nunca antes visto, del neoliberalismo sobre el ‘capital natural’, con la privatización de la naturaleza y la aplicación del principio del derecho de propiedad a algo que se llama servicios ambientales en los bosques tropicales, así como en otros ecosistemas.

Los defensores de la idea de los servicios ambientales afirman además que las plantaciones de árboles -que sus promotores llaman ‘bosques plantados’- son proveedoras estratégicas de servicios ambientales, como carbono, energía, mejora del ciclo hidrológico y de la biodiversidad.

1.¿Qué son los servicios ambientales, el pago por servicios ambientales y el comercio de servicios ambientales?

El ‘servicio ambiental’, también conocido como ‘servicio ecosistémico’, incluye en su nombre el sustantivo ‘servicio’, un término bastante utilizado en la economía capitalista de mercado, en la que actúan empresas y profesionales que prestan los más variados servicios y cobran por ellos. Por lo tanto, el ‘servicio ambiental’ sugiere que tiene, por un lado, algo o alguien que lo presta o lo brinda y, por el otro, alguien que lo recibe y lo utiliza. Esta lógica parece aplicarse también al caso del ‘servicio ambiental’ y a su ‘comercio’.

Sin embargo, hay algo peculiar cuando se habla del ‘servicio ambiental’: no lo ‘da’ una persona o una empresa, es simplemente ‘ofertado’ por la naturaleza que lo brinda de forma gratuita. Los defensores de los servicios ambientales ponen como ejemplo a áreas de bosque que, debido a su vegetación densa, logran ‘almacenar’ y ‘producir’ el ‘servicio ambiental’ agua que, a su vez, garantiza el abastecimiento de una aldea indígena que vive en ese bosque y de una pequeña localidad en sus proximidades. Parece que la ‘naturaleza’ está, en este caso, siendo transformada en una especie de ¡‘fábrica de agua’! Como veremos más adelante, hay muchos intereses corporativos vinculados a ese proceso.

La bióloga estadounidense Gretchen Daily, una defensora de la idea de los servicios ambientales, formuló su concepción sobre el tema de la siguiente manera: “las condiciones y los procesos a través de los cuales los ecosistemas naturales y las especies que los forman sustentan y realizan la vida humana”. Ella argumenta que los servicios ambientales aseguran la biodiversidad de los ecosistemas y terminan siendo ‘bienes’ como madera, alimentos, plantas medicinales que, a su vez, son transformados en productos importantes para la vida humana (4).

Otros autores (5), de Europa y de EEUU, hablan de ‘funciones ambientales’, no sólo pensando en los ‘servicios prestados’ al ser humano, sino de ‘funciones’ esenciales para mantener la vida en el planeta, tales como:

– funciones de regulación: se trata de funciones que regulan los procesos ecológicos y los sistemas que dan soporte a la vida en el planeta. Son estas funciones las que brindan al ser humano directa o indirectamente muchos servicios benéficos, como agua y aire limpios, suelo fértil y control biológico de plagas;

– funciones llamadas de ‘hábitat’: se relacionan con la función de los ecosistemas naturales de asegurar un refugio y las condiciones para la reproducción de plantas y animales silvestres, lo que contribuye a la conservación de la diversidad biológica y genética;

– funciones productivas: incluyen el proceso de crecimiento, incluso la absorción de carbono (CO2) y de nutrientes del suelo y la producción de biomasa. Esto implica muchos alimentos, materias primas para todo tipo de uso y fuentes de energía para las comunidades;

– funciones de información y otras que implican oportunidades de reflexión, enriquecimiento espiritual y ocio.

Se habla de pago por servicios ambientales cuando alguien paga una determinada suma de dinero, un precio por un determinado ‘servicio ambiental’ prestado. Obviamente, la naturaleza, en el ejemplo del bosque que ‘almacena’ y ‘produce’ agua, no tiene una cuenta bancaria para recibir el dinero por haber ‘prestado’ ese ‘servicio’. Es por ello que los defensores de la idea afirman que es necesario que haya alguien o alguna institución que reciba el pago, pero siempre con la condición de ser el ‘dueño’ de dicho bosque, y también alguien dispuesto a comprar el servicio, iniciándose así el comercio de servicios ambientales.

Pese a existir muchos otros ecosistemas además de los bosques, como el cerrado, las pasturas naturales y los mares, los bosques son, sin dudas, el ecosistema principal cuando se trata de proyectos de pago y comercio de servicios ambientales, según afirman los defensores de la idea. Esto se debe al hecho de su enorme riqueza en términos de biodiversidad y, por lo tanto, de su gran cantidad de ‘servicios prestados’, como la conservación del agua y la absorción y el almacenamiento de carbono, entre otros aspectos.

Dentro de los bosques hay cientos de millones de personas, los pueblos del bosque, que dependen totalmente de ellos para su supervivencia física y cultural. Una habitante de la comunidad de Katobo, que vive en el bosque localizado al este de la República Democrática del Congo, territorio de Walikali, relata cuál es el significado del bosque para ella:

“Somos felices con nuestro bosque. En el bosque recogemos leña, cultivamos alimentos y comemos. El bosque nos da todo, legumbres, todo tipo de animales y eso nos permite vivir bien. Es por eso que somos muy felices con nuestro bosque, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos. Y nosotras, las mujeres, precisamos especialmente del bosque, porque es allí donde encontramos todo lo que es necesario para alimentar a nuestras familias. Cuando oímos que el bosque podría estar en peligro nos preocupamos, porque nunca podríamos vivir fuera del bosque. Y si alguien nos dijera que tenemos que abandonar el bosque sentiríamos mucha rabia, porque no nos podemos imaginar una vida que no sea dentro de un bosque o cercana a él. Cuando plantamos alimentos, tenemos comida, tenemos agricultura y también caza; las mujeres sacan cangrejos y peces de los ríos. Tenemos diversos tipos de legumbres, y también plantas comestibles del bosque, y frutas, todas las cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas y todo lo que precisamos.” (6)

Sin embargo, la idea de los servicios ambientales es muy diferente de la visión manifestada en esta declaración. El comercio de servicios ambientales, por ser un negocio entre un vendedor y un comprador, es un mecanismo de mercado en el que la naturaleza se transforma en ‘unidades cuantificadas, en bienes comerciables, también llamados ‘certificados’, ‘títulos’ o ‘activos’. Y aún más, presupone la idea de lucrar con ese comercio y de poder destruir los servicios ambientales en un lugar siempre que dicha destrucción se relacione con una ‘protección’, ‘recuperación’ o ‘mejora’ en otro lugar. Por lo tanto, el comercio de servicios ambientales es algo radicalmente diferente a la forma en la que los pueblos siempre valorizaron al bosque.

2. ¿Cómo surge la idea de los servicios ambientales?

Para comprender el surgimiento y la elaboración de la idea de los servicios ambientales es importante comentar, por lo menos, dos fuertes crisis de la década de 1970 que involucraron a los países industrializados del Norte, principalmente a EEUU y a Europa: una fue la crisis ambiental y la otra, una crisis en la economía capitalista.

En aquella década, los problemas ambientales con situaciones gravísimas de contaminación y degradación ambiental comenzaron a surgir con más fuerza en muchos países del hemisferio Norte, los más industrializados, pero también y con mucha fuerza en los países del hemisferio Sur. Científicos y ambientalistas comenzaron a alertar sobre la explotación y el uso, hasta entonces considerado ilimitado, de madera, minerales, petróleo, agua limpia, etc. y también acerca de la contaminación y degradación resultantes. O sea, estaban señalando los límites de la explotación predatoria da la naturaleza y de sus ‘riquezas’.

Esto estaba directamente vinculado a un nivel nunca antes visto en la humanidad de producción y consumo de productos industrializados, sobre todo en los países capitalistas del Norte, donde las economías, basadas en combustibles fósiles como petróleo, crecieron de forma espectacular en las décadas de 1950 y 1960, y aumentaron exponencialmente el consumo masivo en tales países. Cabe destacar que esta ha sido y continúa siendo la situación para una minoría de la humanidad, a expensas de la mayoría de la población que vive en el Sur. Si los países del Norte enfrentaron una crisis ambiental, esta ocurrió también o inclusive más en los países del Sur, donde se concentraba (y aún se concentra) la explotación y la extracción de recursos naturales. Las poblaciones que vivían en los alrededores de dichas áreas y eran dependientes de tales recursos para su supervivencia fueron los más afectados por la crisis ambiental.

Como respuesta a esa crisis, primero reaccionaron los biólogos del Norte que, preocupados en cómo preservar la naturaleza y revertir el proceso de degradación, comenzaron, dentro de la lógica vigente de la economía liberal, a atribuir a la naturaleza el papel de prestador de ‘servicios ecosistémicos’, con la idea de que sería necesario darle más valor a la naturaleza para salvarla. Posteriormente, a fines de la década de 1970, esa idea fue adoptada por un grupo de economistas capitalistas que introdujeron el concepto de ‘servicios ecosistémicos’ o servicios ambientales en la economía, y que estimaron para tales servicios un valor entre US$16 y 54 billones (7).

La idea de atribuir valor a la naturaleza dando un precio fue muy bien recibida por las organizaciones conservacionistas preocupadas en tener recursos para ampliar las áreas de preservación: “Es el momento de reconocer que la naturaleza es la mayor empresa mundial que trabaja para beneficiar al 100 por ciento de la humanidad- y que lo hace gratuitamente” (8), según afirmó Jean-Cristophe Vié, Director del Programa de Especies de la IUCN, la principal red global por la conservación de la naturaleza, formada por diversos actores, como gobiernos y ONGs, y financiado por gobiernos, agencias bi y multilaterales, organizaciones miembros y corporaciones (9).

La tragedia de los Comunes

La literatura sobre servicios ambientales hace muchas referencias a un artículo de Garret Hardin, llamado “La tragedia de los Comunes”, en inglés titulado “Tragedy of the Commons”, publicado en 1969, para justificar la necesidad de cercar a la naturaleza, de privatizarla como garantía de que no se acabará. En la visión de Hardin, el uso que las personas hacían de la naturaleza era un desastre porque, a pesar del beneficio individual de uso, acabaría con los ‘comunes’. Hardin afirmaba, por eso, que un mundo limitado sólo soportaría un número limitado de personas; de lo contrario, el mundo natural acabaría destruyéndose. Ha sido un pretexto fundamental para culpar a las comunidades tradicionales locales por la destrucción de los bosques y justificar su expulsión, al tiempo que las actividades realmente destructivas, en nombre del ‘progreso’ y el ‘desarrollo’ por parte de grandes empresas y propietarios, fueron admitidas y apoyadas.

Sin embargo, según Fairlie et al. señalan (10), Hardin se basaba en una determinada área de naturaleza, por ejemplo un bosque, de libre acceso para todos/as, sin reglas definidas entre las personas sobre su uso. Lo que pasa es que esto no es lo común en la mayor parte de los países del Sur e inclusive en algunos lugares del Norte. A lo largo de la historia y hasta nuestros días, en muchas áreas de bosques tropicales y otros ecosistemas, en todo el mundo, las comunidades que vivían y viven en esos lugares suelen tener libre acceso a los bosques y a los ríos, con toda su riqueza, y los usan para su supervivencia, pero según un entendimiento y reglas comunes, que pueden ser simples y hasta bastante complejos, involucrando muchos aspectos. En ese sentido, no podemos considerar esas áreas como privadas, ni como públicas.

Lo que vemos que está ocurriendo en el mundo es un proceso, iniciado mucho antes del artículo de Hardin, de cercenamiento creciente de esas comunidades, de los grupos de personas que, con libertad, solían usar los bosques, los ríos, los mares, para gradualmente ser incorporados al mercado, al sistema económico dominante que busca apropiarse de los ‘recursos naturales’: madera, minerales, petróleo, etc. en función del lucro y causando destrucción. La idea de los servicios ambientales surge como un paso más en tal proceso.

En la década de 1970, la profundización del proceso de privatización de la naturaleza fue considerada una excelente solución, tanto por las ONGs conservacionistas, preocupadas con la supervivencia de los bosques y otros ecosistemas y buscando recursos para ello, como también por los principales gobiernos capitalistas del Norte, liderados por Estados Unidos, que buscaban nuevas formas para lucrar en un momento de crisis económica. Buscaban salidas que pudieran sortear la crisis y beneficiar a sus grandes corporaciones. Fue a partir de ese momento que comenzó a crecer el capital especulativo, que ganó desde entonces cada vez más terreno en la economía globalizada.

El capital especulativo

En 1944, al final de la Segunda Guerra Mundial, un acuerdo monetario entre los principales países capitalistas del mundo, firmado en la ciudad estadounidense de Bretton Woods, estableció que, a partir de ese momento, el dólar de Estados Unidos sería la moneda internacional. Ello significaba que el dólar serviría como modelo monetario para todas las transacciones comerciales y financieras entre las naciones, pero, para eso, el Banco Central de Estados Unidos tendría que mantener un fondo de reserva en oro correspondiente al volumen de dólares emitidos. De esta forma, todas las monedas de los demás países pasaron a tener una paridad fija con el dólar, lo que mantendría una convertibilidad directa con una cantidad fija de oro, asegurando el depósito en oro para asegurar el valor del papel moneda para las transacciones internacionales de ahí en adelante.

Sin embargo, a comienzos de los años 1970, debido a la caída en las tasas de ganancia de las grandes empresas estadounidenses, el gobierno de Estados Unidos decidió no aceptar más esa convertibilidad entre el dólar y el oro. Significó el fin del sistema monetario internacional con base en el modelo oro. Hasta ese entonces, el dinero en circulación era, principalmente, capital productivo, o sea, capital que resultaba de actividades productivas concretas, por ejemplo, de la producción industrial y de la agricultura. Pero a partir de aquel momento, comenzó a circular cada vez más ‘dinero’ en la forma del llamado capital especulativo, el capital que está a la búsqueda de ganancias pero que no contribuye a la producción, por ejemplo, en las bolsas de valores, en los ‘títulos’ de la deuda externa y en los intereses sobre esos ‘títulos’, etc.

Curiosamente, aunque no involucre ninguna actividad productiva concreta, las ganancias obtenidas de esta manera son reales dentro del sistema financiero internacional y los grandes capitalistas, como bancos y corporaciones, consiguieron nuevamente aumentar sus tasas de ganancia, pero con actividades especulativas (11). Hoy en día, el valor del capital especulativo, representado en acciones en las bolsas y en otros tipos de certificados, activos o títulos comercializables, supera ampliamente el valor del capital productivo. Es la lógica de ganar dinero ‘sin hacer nada’.

El crecimiento del capital especulativo está estrechamente vinculado al surgimiento del neoliberalismo, con sus políticas de privatización y una economía de libre mercado, pero con un Estado muy actuante a favor de las grandes empresas. Las políticas de apoyo explícito a la iniciativa privada contribuyeron en mucho a hacer crecer las deudas financieras millonarias de los países del Sur, así como la explotación, extracción y privatización de los ‘recursos naturales’. Quien pagó caro por ello fue la población de esos países.

En los últimos años, la especulación financiera cada vez se apodera más de la economía, incluso a través de los servicios ambientales, buscando crear nuevas ‘commodities’ a partir de la naturaleza para ser ‘comercializadas’; lo que podemos denominar como un creciente proceso de ‘financierización’ de la naturaleza, que fue muy incentivado por la última crisis económico-financiera de 2007-2008. A partir de esta crisis, en vez de que los gobiernos por lo menos regularan los mercados financieros, estos mercados buscaron ‘diversificar’ sus ‘inversiones’, por ejemplo, con la inversión en servicios ambientales, pero también en otras áreas, como el mercado de tierras. Es por eso que los especialistas del mercado financiero están dedicando mucho más tiempo a buscar formas de incorporar a los servicios ambientales en los mercados financieros, a la búsqueda de nuevos lucros (12).

3. ¿Cómo asignar un precio a los servicios ambientales y a quién le interesa?

¿Cómo establecer el precio de los servicios ambientales? ¿Cómo definir, por ejemplo, cuánto vale el ‘almacenamiento’ y la ‘producción’ del agua o el ‘trabajo’ de polinización realizado por insectos? Este ha sido un gran obstáculo para quienes han buscado promover los servicios ambientales y su comercio.

Dos iniciativas fueron muy importantes para que los defensores de los servicios ambientales pudieran encontrar formas para asignarles un precio (13):

La “Evaluación Ecosistémica del Milenio” (Millenium Ecossystem Assessment), www.milleniumassessment.org, publicada en 2005, apoyada por la ONU, y para la que trabajaron 1300 investigadores. La publicación evaluó que la mitad de los ‘servicios ambientales’ del mundo está en proceso de degradación o siendo usada de forma insustentable. La investigación (14) resultó tener un aumento exponencial de los estudios sobre cómo asignar precio a los ‘servicios ambientales’ y puso esa cuestión en la agenda de la política de protección a la biodiversidad.

Otra iniciativa internacional crucial es “La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad”, TEEB por su sigla en inglés, http://www.teebweb.org/) en el contexto de la iniciativa de la ‘economía verde’, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), de 2008. Este estudio busca crear una forma, una metodología, para definir el valor económico de la biodiversidad. TEEB intenta ‘resolver’ lo que se dice que es sólo una ‘falla del mercado’, o sea, el tratamiento destructivo hasta entonces dado por el capitalismo de mercado a los ‘bienes comunes’ de la naturaleza en función del lucro. Esto, en términos económicos, se conoce como ‘externalizar’ los costos ambientales. La forma en que la naturaleza se trata en el sistema capitalista llevaria a su total destrucción, en la línea de Garret Hardin, según fue mencionado anteriormente. Sin embargo, la nueva propuesta, realizada dentro de la misma lógica de mercado, no es apenas la preservación de la naturaleza, sino hacer de ella un negocio y hasta una forma de justificar la destrucción en otro lugar. El TEEB y su lógica fueron bien recibidos en el Plan Estratégico de la Convención de la Diversidad Biológica (CBD) para 2020, que incluye metas de protección para los diferentes ecosistemas (15).

El estudio TEEB fue coordinado, no por un biólogo ni por un ecólogo sino por un banquero, Pavan Sukhdeve, ejecutivo del Deutsche Bank (Banco Alemán), que actuó en la cuestión de la valorización económica para el Foro Económico de Davos (16). Él se refiere a la biodiversidad como “un nuevo mercado millonario” (17).

La lógica principal en la monetización de los servicios ambientales es que esos pagos son capaces de compensar por el llamado ‘costo de oportunidad’. Este término clave de la economía se refiere al costo de algo en términos de una oportunidad renunciada (18). Por ejemplo, los defensores de los servicios ambientales ejemplifican que el costo de la preservación de un área de bosque como parque nacional sería establecido por el precio de la madera no vendida si la opción es la preservación. Se cuestiona que, en este caso, la ‘mejor oportunidad alternativa’ es una ‘alternativa’ totalmente parte del sistema de producción y consumo vigente y que, además, es una de las causas directas de la deforestación de los bosques tropicales.

Pero mientras el costo de la madera puede ser calculado con cierta facilidad, dentro de la lógica del mercado, es obvio que el costo de la ‘producción’ de agua por el bosque o, por ejemplo, el costo del ‘refugio’ ofrecido por el bosque a ciertas especies, la ‘formación’ de la belleza de un río o de un paisaje son mucho más difíciles o inclusive imposibles de ser calculados. Hasta los defensores de los servicios ambientales lo reconocen.

Hasta hoy, lo que más avanzó y es mejor conocido como ‘servicio ambiental’ es el ‘servicio’ del carbono, lo que ya llevó a la creación de su propio ‘mercado de carbono”.

La ‘comercialización’ del carbono

Desde el momento en que se firmó el Protocolo de Kyoto en 1997, fue oficializado el mercado del ‘servicio ambiental’ de carbono. El Protocolo creó para los países industrializados que deben cumplir con metas de reducción de emisiones la opción de seguir contaminando y ‘compensar’ sus emisiones de carbono a través del establecimiento de un proyecto de reducción de las mismas, llamado de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) que debe llevarse a cabo en algún país del Sur, considerado ‘en desarrollo’. Basado en el Protocolo de Kyoto, la Unión Europea (UE), en 2005 estableció el Esquema de Comercio de Emisiones (EU ETS por sus siglas en inglés).

Uno de los principales problemas con este mecanismo supuestamente de ‘compensación’ es que el carbono emitido a partir de la quema de combustibles fósiles en las industrias del Norte puede ser quizás igual a la molécula de carbono almacenado, por ejemplo, en una plantación de árboles en África; pero son climatológicamente diferentes, pues el CO2 de la quema de combustibles en los países del Norte aumentará la cantidad total de carbono en circulación entre la atmosfera, la biósfera (árboles, plantas, suelos) y los océanos. El resultado final es más carbono y con ello un agravamiento de la crisis climática y ambiental. El mercado de carbono se transformó así en una enorme distracción del problema real y en una postergación de la solución central para el mismo: dejar el petróleo y otros combustibles fósiles en el subsuelo porque ese tipo de extracción y quema es, por lejos, la principal causa del problema (19). Además, por ejemplo, en la Unión Europea, a pesar de que el EU ETS haya tenido una meta de 1-2% de reducción de emisiones de contaminantes en el primer período (2005-2007), las emisiones en el sector industrial aumentaron en el mismo período un 1.9% (20).

Paralelamente a las iniciativas oficiales en el ámbito del Protocolo de Kyoto, se desarrolló también un mercado llamado ‘voluntario’, en el que hay iniciativas entre dos partes, por ejemplo, empresas que plantan árboles en el Sur y empresas en el Norte interesadas en comprar los créditos de carbono supuestamente almacenados en esos árboles.

Específicamente para bosques, en Bali, en 2007, fue lanzado oficialmente el mecanismo REDD, y posteriormente, el REDD+ y el REDD++. Se trata de otro servicio ambiental vinculado al carbono que almacenan los bosques, creado supuestamente como solución para la crisis climática actual. Sin embargo REDD, al igual que los MDL, son mecanismos de compensación con créditos de carbono que serán comercializados en el mercado, que no sirven como solución para la crisis climática y provocan graves impactos para los pueblos, como restricciones al uso del bosque y hasta la expulsión de comunidades (21).


Otro problema con proyectos REDD y MDL es que la ‘contabilidad’ y el monitoreo del ‘activo’ negociado -cantidad de carbono almacenado- tiende a exigir cada vez más dinero, beneficiando a unas pocas empresas de consultoría que hacen cálculos de algo imposible de ser calculado con precisión (22).

El ‘mercado en carbono’ se desarrolló más que los mercados en otros servicios ambientales debido a la relativa importancia de la crisis climática a nivel internacional, incluso con las numerosas conferencias específicas sobre el tema, llamadas COPs (Conferencias de las Partes), siendo la última la que tuvo lugar en Durban, Sudáfrica. Pero, como la experiencia muestra, el ‘mercado de carbono’ tiene muchos problemas y no contribuirá a la resolución de la crisis climática, sino todo lo contrario.

En la práctica, encontramos diferentes formas de esquemas de ‘pagos por servicios ambientales’. Supriya Singh presenta el caso de dos comunidades en India como un ejemplo de pago por servicios ambientales “de abajo hacia arriba”. En este caso, las comunidades de Kuhan y Ooch en el Himalaya indio hicieron un acuerdo sobre el ‘servicio ambiental’ agua. Para garantizar el recurso hídrico en sus actividades agrícolas, Kuhan había construido una pequeña represa, que se obstruyó debido a la acumulación de arena resultante de la erosión río arriba, causada por ganado de la comunidad de Ooch que estaba pastando intensivamente en las áreas próximas. Según el acuerdo, el ganado de la comunidad de Ooch dejó de pastar durante ocho años mientras la comunidad de Kuhan le pagaba a Ooch, incluso por el plantío de árboles para combatir la erosión. Las dos comunidades en su totalidad participaron del proceso y el acuerdo era discutido y conocido por todos/as (23). A diferencia de los estudios ya citados a la búsqueda de ‘cuantificación’ de los servicios ambientales, en ese caso no fue necesario establecer una cuantificación de las ‘unidades’ del ‘servicio’. Hubo un acuerdo para la recuperación del río a partir de un problema ambiental sentido por una de las dos comunidades. Se puede incluso imaginar que ese tipo de problema y acuerdo local no son nuevos en la historia de las comunidades humanas y su uso de la naturaleza.

Lo que parece ser una novedad son los proyectos con servicios ambientales que han surgido en los últimos años y que tienden a involucrar el comercio en servicios ambientales a una escala global. No involucra directamente a las comunidades locales, sino a actores como empresas, consultores, bancos privados, fondos de inversión, grandes ONGs conservacionistas e inclusive Estados. Consideran este ‘negocio’ como una nueva oportunidad para lucrar. En este caso, la garantía de la ‘prestación de servicios ambientales’ se terceriza a un banco, una ONG conservacionista o empresa privada, que preserva el área y, consecuentemente, preserva determinados servicios ambientales que pueden ser vendidos a otros inversionistas o empresas, o justifica la destrucción en otros lugares. En este caso, la lógica es que el dinero ayuda en la preservación del bosque, pero no deja de ser también una inversión. El acuerdo establece de qué forma el lucro será repartido (24).

Un ejemplo es Malua Wildlife Habitat Conservation Bank (MWHCB) en Malasia. Este banco estatal recibió del Estado una reserva forestal por un periodo de 50 años. El banco resolvió dividir el área en bloques de 100m2 y comenzó a vender títulos llamados “Certificados de Conservación de la Biodiversidad”. El ‘bien’ comerciable en los 100m2 se llama “restauración y protección forestal”. Según el banco, el objetivo es rehabilitar y conservar la reserva de forma “comercialmente competitiva”. La previsión es que los US$10 millones de inversión inicial para la rehabilitación de toda la reserva será superado en 6 años con la venta de certificados, y que también se cree un fondo (The Malua Trust) para financiar la conservación a largo plazo durante los otros 44 años del contrato. Los eventuales lucros de la venta de los certificados de biodiversidad se repartirán entre el Banco y el inversionista. En este caso, la preservación del área no representa una compensación contra la destrucción del bosque en otro lugar, como es el caso del ‘mercado de carbono’ (25).

Pago por Servicios Ambientales – ¿Compensación o no? ¿Especulación o no?

En un primer momento, el PSA puede parecer diferente a los mecanismos de comercio de carbono como el MDL o el REDD+, en el sentido de que no se trata necesariamente de ‘compensación’ por una degradación/contaminación ambiental en otro lugar. Quizás sea por eso que se oye hablar mucho del PSA como un término ‘simpático’, que ‘reconoce’ el ‘esfuerzo’ de la naturaleza y que no sugiere comercio, destrucción o contaminación en otro lugar.

Sin embargo, todo indica que la tendencia es decir sí al comercio y que los recursos necesarios para proyectos de PSA sean movilizados exactamente a partir de empresas (multinacionales) que practican actividades destructivas y buscan o son forzadas a hacer algún tipo de ‘compensación’ por ello. Si estas empresas adquirieran áreas en las que pretenden preservar la naturaleza y vender ‘servicios ambientales’ como la biodiversidad, podrían usar este servicio ‘comerciable’ para compensar las propias actividades destructivas, como la extracción de minerales, de petróleo, etc. y/o venderlos en la forma de ‘créditos’. El mismo plan TEEB, citado anteriormente, considera también una posibilidad, o en el lenguaje de los empresarios, ‘oportunidad’, de uso de servicios ambientales en la forma de mecanismo de ‘compensación’ por destrucción.

Para administrar ese ‘negocio’, se creó un nuevo tipo de profesión: ‘gerentes de títulos/certificados comerciales de preservación’ (26). Las bases legales para ese PSA como ‘compensación’ se están creando en varios países. Por ejemplo, en Brasil se busca aprobar la reforma del Código Forestal, la ley que rige el manejo de los bosques, y un planteamiento para amnistiar a quienes talaron ilegalmente en sus propiedades, con la propuesta de que compensen la destrucción por medio de la protección de áreas de bosques intactos. En ese sentido, se negociarán los primeros ‘activos’ de la llamada Bolsa Verde en Río de Janeiro durante la conferencia Rio+20. El presidente de la iniciativa es Pedro Moura Costa, un consultor con muchos años en el rubro del comercio de carbono. Si bien el objetivo de esta nueva Bolsa de Valores inicialmente es el comercio de ‘créditos de carbono’, la idea es incluir también otros ‘activos’ como la “reposición forestal”. Moura cuestiona: “El Código Forestal está obligando a los propietarios a que se adecúen a la reserva legal. ¿Será más barato que cree la reserva o que compre títulos en la bolsa?" (27)

La creciente lógica de destrucción y comercio que involucra a los servicios ambientales puede llevar fácilmente a esquemas perversos en los que prevalece siempre el lucro financiero. Por ejemplo, una empresa minera puede tener, por un lado, acciones de preservación de la naturaleza con proyectos de PSA, inclusive REDD+, que afectan a pueblos del bosque en el sentido de restringir su acceso a las áreas destinadas a ‘prestar servicios’ del tipo PSA/REDD+. Al mismo tiempo, la empresa puede mantener sus acciones destructivas de minería en la misma región de bosques, y afectar nuevamente a pueblos del bosque, pero haciendo propaganda de que está ‘compensando’ por sus impactos ambientales negativos. Finalmente, la empresa también puede vender algún ‘crédito de carbono’ o ‘servicio ambiental’ que ‘haya sobrado’ después de hacer ‘las cuentas’ entre la ‘preservación’ y la destrucción, y vender estos servicios en la forma de créditos o activos a otra empresa, por ejemplo en EEUU o en Europa, que, a su vez, quiere compensar un aumento en su actividad contaminadora, afectando también a comunidades próximas, que a menudo son las que viven en las condiciones más precarias, como los pueblos indígenas y las comunidades negras en EEUU y Canadá.

Con el objetivo de aprovechar la ola creciente del comercio en servicios ambientales, surgieron en los últimos años empresas especializadas en este rubro, con nombres como “Feria del Ecosistema” (‘Ecosystem Marketplace’), “’Bancando’ Especies” ( ‘Species Banking’) y “Capital de dosel” (‘Canopy Capital’). Esta última empresa, vinculada a una alianza que se llama Global Canopy Programme (GCP), firmó en 2008 un acuerdo con una organización guayanesa llamada Iwokrona International Centre for Rainforest Conservation and Development. Según el acuerdo, a lo largo de 5 años, Canopy Capital paga por proteger el bosque tropical a cambio de la ‘propiedad’ del ecosistema forestal y de una garantía de participación en cualquier lucro futuro. Los ‘bienes comerciables’ incluirían títulos o certificados de carbono, de potencial lluvia, de almacenamiento de agua, conservación del suelo, biodiversidad, regulación de clima y valores de la cuenca hidrográfica. Este proyecto serviría como modelo para Canopy Capital, incluso para la creación de un ‘mercado global de servicios ecosistémicos de los bosques’, destinado a obtener lucro. Lo que no quedó claro es cómo Canopy Captial, Iwokrana International Centre y las comunidades locales se repartirían los recursos, visto que el contrato era confidencial (28).

También intervienen las grandes ONGs conservacionistas como actores centrales en la promoción de este nuevo mercado de negocios como Conservación Internacional (CI), The Nature Conservancy (TNC) y el Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF). Estas grandes ONGs internacionales defienden a los servicios ambientales como una forma necesaria de generar y distribuir la financiación para actividades de preservación. La CI, por ejemplo, ofrece una tecnología llamada “Inteligencia Artificial para Servicios Ecosistémicos” (ARIES por su sigla en inglés). Se trata de una tecnología en internet, ofrecida a usuarios de todo el mundo para que los asistan en evaluaciones rápidas de ‘servicios y valoración ambientales´ en escalas múltiples, desde un nivel regional hasta el nivel global (29).

Para que el comercio de servicios ambientales pueda funcionar bien, es necesario que haya una base legal para definir las reglas del juego. En EEUU y en Gran Bretaña ya existen reglamentaciones para ciertas áreas (30). En diferentes países del Sur, esas leyes y programas se están elaborando, frecuentemente con el asesoramiento de agencias y bancos de cooperación para el ‘desarrollo’ como USAID, KfW y GTZ en el caso de Ecuador (31), y de ONGs internacionales. En el estado de Acre, en Brasil, uno de los estados internacionalmente conocidos por estar más avanzado en relación a la introducción del comercio de servicios ambientales, la Asamblea Legislativa aprobó, sin ninguna participación popular, la Ley 2.308 de 22/10/2010, elaborada con la contribución de las ONGs norteamericanas Woods Hole Research Center y Forest Trends (32). La Ley crea el “Sistema Estatal de Incentivos a Servicios Ambientales (SISA)” y diversos programas de incentivos por ‘servicios ambientales’. Desde su primer artículo, afirma que buscan “fomentar el mantenimiento y la ampliación de la oferta” de ‘servicios ambientales’, como el carbono, la conservación de la belleza paisajística natural, la sociobiodiversidad, el agua, etc. El artículo 6, párrafo único, prevé instrumentos para “establecer un acuerdo institucional estable”, asegurando un “ambiente de confianza para (..) inversionistas”. En Brasil, también en ámbito nacional, se están analizando leyes que rigen los ‘servicios ambientales’.

4 – Plantaciones de monocultivos y el comercio por servicios ambientales

Las empresas que promocionan las plantaciones de monocultivos de árboles para celulosa, carbón, madera y otros fines han buscado mostrar, en la ola de crecimiento del PSA, que sus plantaciones también prestan servicios ambientales.

Quien ande por un monocultivo de eucalipto se preguntará ¿cuál sería ese ‘servicio’ en un área con un único tipo de plantación, sin otras plantas, sin animales, y que es blanco de un manejo agrícola convencional con aplicación de agrotóxicos y fertilizantes químicos?

No obstante, las empresas han logrado exitosamente vender la idea de que sus plantaciones absorben carbono. Un ejemplo es la empresa Plantar, de Minas Gerais, Brasil, que en 2010 consiguió que su proyecto de carbono, basado en plantaciones de monocultivos de eucalipto fuera reconocido oficialmente como proyecto MDL en el marco del Protocolo de Kyoto, a pesar de innumerables críticas (33). Otras empresas brasileñas de eucalipto han ‘comercializado carbono’ a través del mercado voluntario en la bolsa del clima de Chicago (CCX), la fundación holandesa FACE, ha plantado árboles en Ecuador para lograr ‘vender carbono’, causando problemas a las comunidades locales y al ambiente local (34). Hay empresas europeas que son activas también en África con la ‘venta de carbono’, como la noruega Green Resources, que promueve plantaciones de carbono, por ejemplo, en Tanzania, causando problemas sociales, ambientales y económicos (35).

Mientras tanto, las empresas y sus aliados buscan presentar evidencias de que las plantaciones ofrecen también otros servicios ambientales, contando con una gran ventaja: la FAO continúa usando una definición de bosque que considera a los monocultivos de árboles como ‘bosques’. Con esta ventaja, se han hecho estudios para mostrar que las plantaciones de monocultivos de árboles, si son ‘bien diseñados’, podrían además del carbono brindar otros servicios ambientales como agua limpia, un hábitat para animales y leña para generar energía. Se busca el desarrollo de mecanismos para también asignar un precio a esos ‘servicios’ de plantaciones (36).

5. El debate de los servicios ambientales y Rio+20

Más recientemente, oímos hablar mucho más de los servicios ambientales, sobre todo en relación a las charlas preparatorias de la ONU y los gobiernos para la Cumbre de Rio+20, prevista para junio de este año. Para entenderlo, tenemos que hablar sobre la idea central que será tratada en esta conferencia: la ‘economía verde’.

En las noticias sobre Rio+20, aparece con frecuencia la expresión ‘economía verde’. Suena bien, pero es importante entender que se trata de una propuesta que surge en el contexto de una economía profundamente capitalista. Como las principales economías capitalistas están enfrentando una crisis financiero-económica muy grande, sobre todo en los últimos años, buscan salir de la crisis y encontrar alternativas para que sus empresas puedan nuevamente acumular capital y obtener más ganancias a partir de actividades productivas y también especulativas, o sea, conseguir lucro ‘sin hacer nada’.

La ONU, a través del programa para el medio ambiente (PNUMA), está jugando un rol central con su iniciativa ´Economía Verde´, que incluye el estudio TEEB, citado anteriormente. El informe de la iniciativa fue publicado en 2011 con el título “Hacia una Economía Verde”. Fue a partir de esa iniciativa que surgió la idea de un ‘Nuevo Acuerdo Verde’, adoptado por EEUU y otros países. Promete un escenario de ‘ganar-ganar’, porque se enfrentaría la crisis financiera/económica y climática con el redireccionamiento de las inversiones para lo que podemos llamar ‘capital natural’, además de invertir en nuevas tecnologías supuestamente limpias como el uso de la biomasa, y el ‘mercado de carbono’.

En esa perspectiva, los servicios ambientales y su ‘comercialización’ se tornaron algo muy central, un verdadero pilar de la ‘economía verde’. El resultado será, según Silvia Ribeiro del grupo ETC que monitorea e investiga este proceso, una “mayor mercantilización y privatización de la naturaleza y de los ecosistemas, integrando sus funciones (definidas como ‘servicios’) a los mercados financieros” (37) .

6. Por que decir no al comercio de servicios ambientales?

Los defensores de la idea del comercio de servicios ambientales afirman que es una excelente alternativa para los pueblos del bosque porque lo dejaría ‘de pie’ y lo preservaría. Pero hay una serie de argumentos para decir no a los servicios ambientales y al comercio de servicios ambientales:

– El comercio de servicios ambientales no pretende modificar el modelo actual de producción y consumo, que está en la base de la crisis ambiental, incluso de la destrucción gradual de los bosques del mundo. Este modelo que beneficia a una minoría de la humanidad ocurre a expensas de innumerables injusticias sociales y ambientales. Para cambiar este modelo es urgente, iniciar la transición hacia otras formas de producción y consumo, con justicia social y ambiental. Es urgente, como la red Oilwatch (Observatorio del Petróleo) viene defendiendo mundialmente, dejar el petróleo y el gas en el subsuelo.

– La mercantilización y la financierización de la naturaleza a través del comercio de servicios ambientales exige un control del territorio, una privatización para que el ‘dueño’ e inclusive el comprador del ‘servicio’ pueda controlar lo que se está ‘comercializando’, con la garantía de que el ‘servicio ambiental’ sea entregado según estipula el contrato. En la práctica, esto va en contra de las luchas por el reconocimiento y garantía de los derechos territoriales de los pueblos del bosque y/o de otros ecosistemas. Porque un contrato de servicios ambientales estipula, en todos los casos, que haya un ‘dueño’ del área, o sea, muchas comunidades con derechos no regulados sobre su territorio sufrirán aún más presión p ara dejar sus tierras o serán expulsadas. Y aunque consiguieran quedarse y ser beneficiadas de alguna forma, el ‘comprador’ del servicio ambiental tendrá el derecho a acceder al área para las debidas inspecciones y monitoreos para verificar si el servicio en cuestión se está preservando y manteniendo debidamente, violando así el derecho de las comunidades sobre sus territorios e inclusive el derecho a mantener su modo de vida.

– A pesar de que el discurso de las ONGs conservacionistas de que los pueblos del bosque se beneficiarían del comercio de servicios ambientales, en la práctica poco se beneficiarán. Por el contrario, la tendencia es que haya empobrecimiento y expulsión de los pueblos de sus territorios. La experiencia de uno de los países internacionalmente conocido por su esquema de PSA, Costa Rica, muestra, según Amigos de la Tierra Costa Rica, que no se ha reducido la pobreza en las zonas rurales y que ha consumido el 25% del presupuesto del Ministerio del Medio Ambiente. Además, la reducción de la tala constatada en el país se debe mucho más a la reducción de la rentabilidad de la cría de ganado que al programa PSA (38).

– Los conocimientos tradicionales no pueden tratarse como servicios ambientales y ser comercializados. Ya existe una reglamentación propia a nivel internacional: el Protocolo de Nagoya de la Convención por la Diversidad Biológica (CDB) (39).

– El ‘servicio ambiental’ de bosques más ‘comercializado’ hasta el momento es el carbono. La experiencia con este servicio ambiental a través del ‘mercado de carbono’ muestra que se trata de una solución falsa a la crisis climática, y que, por si fuera poco, causa la violación de derechos de pueblos indígenas y no indígenas, tanto en el Sur como en el entorno de las empresas contaminadoras en el Norte (40).

– La expansión y la adopción global del pago por y comercio de servicios ambientales profundiza el proceso de mercantilización y financierización de la naturaleza.

– El PSA, con un discurso de preservación, tiende a profundizar la explotación de las riquezas naturales y la consecuente degradación ambiental, que sería ‘compensada’ con la generación de servicios ambientales comerciables en el área preservada. Y aunque parezca increíble, cuanto más escaso es el ‘servicio ambiental’, mayor tiende a ser el precio y el lucro.

– La financierización de la naturaleza que permite ‘vender’ y lucrar con ‘activos’ y ‘certificados’ de servicios ambientales es ilegal e inmoral porque se basa en la idea inventada de que la naturaleza estaría ‘prestando servicios ambientales’. Lo que no se inventa es la importancia del bosque para innumerables pueblos, por ejemplo, la diversidad de animales, de plantas, el agua, la regulación del clima, la fertilidad del suelo para plantar alimentos, etc. La importancia que esto tiene es imposible de ser asginada un precio.

– El hecho de medir, monitorear y asignar un precio a los servicios ambientales y hacer las transacciones comerciales resultantes involucra conocimiento específico y la tendencia es de que bancos, empresas y corporaciones privadas se apoderen y lucren con el comercio de servicios ambientales, sin que las comunidades tengan conocimiento de los contratos y de los negocios. Un gran incentivo para esos grupos es que, debido a la crisis económico-financiera, ya están buscando nuevas formas de obtener lucros, preferiblemente, ‘sin hacer nada’.

– La lógica y el funcionamiento de los servicios ambientales han sido pensados por científicos provenientes de la cultura occidental, que continúan fragmentando y separando al ser humano de la naturaleza, en relación a los beneficios de esos ‘servicios’ sobre todo para la vida humana. Sin embargo, los pueblos del bosque tienen visiones y experiencias de convivencia e integración con la naturaleza que garantizan el bien estar de ambos, muy diferentes; así surgen otras visiones sobre la naturaleza, como el ‘buen vivir’, los derechos de la Madre- Naturaleza y su no-mercantilización y no-financierización. Al ponerles un precio como forma de valorar los servicios ambientales, son descartadas otras formas, otros lenguajes, principalmente de los pueblos del bosque, de valorizar y conservar la naturaleza.

– El comercio de servicios ambientales tiende a ser un estímulo más para la expansión de las plantaciones de monocultivos de árboles, consideradas ‘bosques plantados’ por la FAO y otras instituciones internacionales y gobiernos nacionales.

7. ¿Caminos a seguir?

El capital especulativo y los actores interesados como bancos, consultores, grandes empresas, fondos de inversión, así como otros actores aliados como ONGs y, frecuentemente, nuestros propios gobiernos pretenden con el comercio de servicios ambientales apoderarse de los territorios de los pueblos para ‘vender’ y lucrar. Así, la lucha por los derechos de los pueblos de los bosques que dependen de ellos tiende a tornarse más compleja y difícil.

¿Cómo continuar esa lucha? A continuación, algunas posibles orientaciones:

– Muchas comunidades que viven en bosques, sean campesinas, tradicionales o indígenas, comparten la preocupación sobre cómo conservar esas áreas, principalmente cuando las mismas se tornan más escasas y la necesidad por tierras aumenta. Muchas veces, exigen, en una demanda justa, el apoyo del Estado para garantizar su conservación.

Las informaciones recogidas en este artículo alertan a que las comunidades, en vez de entrar en esquemas como el PSA y el comercio de servicios ambientales, reúnan todas las informaciones sobre qué es y qué representa la idea de servicios ambientales y su comercio, promoviendo debates con toda la comunidad. El presente texto tiene exactamente la finalidad de alimentar esos debates.

Y si los gobiernos gastan recursos públicos para ayudar a grandes empresas y bancos, el mismo dinero puede ser aplicado también en políticas públicas para ayudar a las comunidades que buscan conservar y recuperar sus áreas forestales, sin necesidad de transformar esas acciones en mecanismos perversos como el comercio de servicios ambientales, lo que profundiza el proceso de mercantilización y financierizacion de la naturaleza.

– Una característica común del comercio de servicios ambientales y del ‘mercado de carbono’ es la falta de transparencia sobre este tipo de mecanismo. Es de suma importancia exigir, en su país, informaciones a las autoridades, a los parlamentarios, sobre la reglamentación ya aprobada y la que está siendo discutida sobre este tipo de actividad. En países donde la legislación sobre el comercio de servicios ambientales está elaborándose rápidamente, como en Brasil, hay claras contradicciones con la constitución del país, por ejemplo, cuando los proyectos de ley proponen la privatización de algo fundamental y de libre acceso para toda la población. Por ejemplo, en el estado de Acre, entidades de la sociedad civil están pidiendo al Ministerio Público Federal que inicie una acción de inconstitucio nalidad contra la Ley Estadual 2.308/2010 que instituye el Sistema de Incentivos al Servicio Ambiental del estado.

– La agricultura campesina en casi todos los países del Sur sufre la falta de apoyo, de políticas públicas, para mantenerse y fortalecerse. Ese tipo de agricultura, practicada incluso en áreas de bosques sin que haya sido una amenaza a la continuidad del bosque ha posibilitado una convivencia y una interacción con el mismo. La idea del comercio de servicios ambientales descarta esa convivencia. Más apoyo en forma de políticas públicas para ese tipo de agricultura fortalecería la seguridad y la soberanía alimentaria de esas poblaciones y de las regiones en las que están viviendo. Además, la agricultura campesina ya contribuye, como la Vía Campesina ha divulgado, con el ‘enfriamiento’ del planeta. Los Estados, en vez de conceder apoyo a las comunidades campesinas, a menudo financian y facilitan la introducción del comerci o de servicios ambientales. Significa gastar dinero público y, a veces, asumir nuevas deudas financieras con instituciones internacionales como el Banco Mundial, cuando estas ofrecen ‘incentivos’ para ese nuevo tipo de ‘comercio’. La carga nuevamente es para el pueblo.

– La mercantilizacion y la financierizacion de la naturaleza señalan la importancia de construir alianzas más amplias entre quienes combaten el sistema financiero internacional, otras que luchan contra la privatización de la naturaleza, y aún otras que luchan diariamente por sus territorios y ecosistemas.

– Una alianza amplia y fuerte contraria a la ‘economía verde’ está siendo propuesta a través de la convocatoria camino a Rio+20 (41). Busca concretar una agenda en conjunto con organizaciones y redes no gubernamentales y movimientos sociales, incluyendo acciones de solidaridad a comunidades impactadas por empresas que se apoderan de sus territorios y los degradan, como es el caso de la CSA en Rio de Janeiro, de propiedad de las multinacionales Vale y Thyssenkrup, o contaminan el mar y afectan a pescadores como la petrolera Petrobras. La agenda conjunta prevé también la realización de la Asamblea de los Pueblos Afectados por proyectos privatizadores y degradantes en la víspera de Rio+20.

– Es necesario continuar con más fuerza la lucha para que las comunidades que conservan los bosques tropicales y dependen de ellos puedan tener el derecho y el control sobre esos espacios. Significa luchar por el reconocimiento de los derechos de esos pueblos sobre sus territorios- algo aún inexistente o insuficientemente garantizado en muchos países de Latinoamérica, África y Asia. En países donde ya hubo muchos avances como en Brasil, la tendencia es de retroceso en los derechos indígenas y en los derechos de otros pueblos tradicionales, mientras crecen sin cesar los esfuerzos para crear un ‘mercado global en servicios ambientales’.

– Precisamos continuar la resistencia y la denuncia del capital financiero y sus actividades especulativas. A pesar de la crisis que afecta principalmente a las mayores economías del mundo, casi todos los países y sobretodo sus gobiernos continúan defendiendo el sistema e involucrados en él. Sin embargo, aumentan, en todo el mundo, las críticas y las movilizaciones que claman por cambios profundos especialmente en relación a la financierizacion cada vez mayor de la economía, y también de la naturaleza, con una creciente ola de privatización de todo lo que aún es público. Por eso, es necesario continuar luchando contra la expansión de esa lógica del capital especulativo para que no se apodere de áreas fundamentales para el futuro de la humanidad, inclusive de los bosques tropicales.

Corresponde que todos denunciemos cada vez más las perversidades y contradicciones de esa lógica y sus impactos concretos en los territorios. Precisamos apoyar y fortalecer la resistencia de los pueblos para que, en primer lugar, les sea asegurado el derecho sobre sus territorios y para que se revierta el proceso de privatización de la naturaleza, también en el futuro, garantizando el libre acceso a las poblaciones que siempre la cuidaron e hicieron usufructo de ella.

Como dijo la habitante del Congo en este artículo: “…somos felices con nuestro bosque, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos”. Y eso no tiene precio. www.ecoportal.net

Boletín mensual del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM)

Número 175 – Febrero 2012 – http://www.wrm.org.uy

Referencias:

1 – Se trata de una conferencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) con participación de los países miembros y sus lideres y que tratará del desarrollo sostenible; tendrá lugar exactamente 20 años después de la conferencia sobre el mismo tema en Rio de Janeiro en 1992

2 – Por mercantilización de la naturaleza, entendemos el proceso de realizar transacciones comerciales y negocios con los ‘bienes’ de la naturaleza, sea por la extracción de elementos concretos, como la madera, o el embotellamiento de agua mineral; sea por la comercialización de componentes más abstractos de la naturaleza, como la biodiversidad, la fertilidad del suelo, el carbono, la belleza del paisaje, el refugio de un bosque para las especies, etc.

3 – Por financierización de la naturaleza, referimos al proceso por el cual el capital especulativo se apodera de ‘bienes’ y componentes de la naturaleza, comercializándolos a través de certificados, de títulos, de activos, etc., buscando, con la especulación financiera, la obtención del mayor lucro posible.

4 – Daily, G, 1997. Introduction: What Are Ecosystem Services? en Daily, G. (edt), Nature’s Services. Societal Dependence on Natural Ecosystems, Island Press, Washington DC. Informaciones del Glosario elaborado para el curso sobre Ecological Economics and Political Ecology del proyecto EJOLT, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona

5 – de Groot, R., 1994. Environmental functions and the economic value of natural ecosystems. En: A.M. Jansson, (Editor), Investing in Natural Capital: The Ecological Economics Approach to Sustainability, Island Press, pp. 151–168.; de Groot, R., M. Wilson, R. Boumans, 2002. A typology for the classification, description and valuation of ecosystem functions, goods and services, Ecological Economics, 41, 393-408. Informaciones del Glosario elaborado para el curso sobre Ecological Economics and Political Ecology del proyecto EJOLT, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona

6 – WRM, “Bosques. Mucho más que una gran cantidad de árboles”. Video, www.wrm.org.uy, 2011

7 – Sullivan, Sian, “Green Capitalism, and the Cultural Poverty of Constructing Nature as Service Provider”. En ‘Upsetting the Offset’, Böhm, Steffen and Siddhartha Dabhi (eds), London, MayFlyBooks, pp. 255-272

8 – Ibid.

9 – www.iucn.org/about/

10 – Fairlie, Simone et al, “Reclaiming the Commons”, The Cornherhouse, http://www.thecornerhouse.org.uk/resource/reclaiming-commons, 1995

11 – Carcanholo, Reinaldo A. e Paulo Nakatani, ‘Capitalismo Especulativo e Alternativas para América Latina’, http://www.rosa-blindada.info/b2-img/Klismoealternativas.pdf

12 – Tricarico, Antônio, “The ‘financial enclosure’ of the commons", http://www.un-ngls.org/gsp/docs/Financialisation_natural_resources_draft_2.pdf, 2011.

13 – Informaciones del Glosario elaborado para el curso sobre Ecological Economics and Political Ecology del proyecto EJOLT, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona.

14 – El informe de este estudio trata la naturaleza en términos del lenguaje de los ‘servicios ambientales’, dividiéndolos en ‘proveedor de servicios’ (alimento, agua, madera, fibra, etc.), ‘regulador de servicios’ (inundaciones, secas, degradación de tierras y enfermedades), ‘apoyando servicios’ (como formación de suelos y mantener el ciclo de nutrientes) y ‘servicios no-materiales culturales’ (para recreación, espiritual, religioso, etc.). La propuesta es cuantificar financieramente los servicios cada vez más escasos, lo que ayudaría a mantenerlos. Al mismo tiempo, creando nuevos ‘bienes’ comerciables, el crecimiento económico estaría siendo incentivado.

15 – Terra de Direitos, Pagamento por “Serviços Ambientais” e Flexibilização do Código Florestal para um capitalismo “Verde”, www.terradedireitos.org.br, agosto de 2011

16 – Iniciativa fomentada por líderes mundiales y grandes empresas capitalistas que llevó, hace más de 10 años, a la organización del Foro Social Mundial, como contrapunto anti-capitalista.

17 – Riberio, Silvia, ‘As novas fronteiras da mercantilização da natureza’. En: Le Monde Diplomatique Brasil, Año 5, Nr. 53, Diciembre 2011

18 – http://es.wikipedia.org/wiki/Costo_de_oportunidad

19 – WRM, “From REDD to HEDD”, www.wrm.org.uy

20 – Kill, Jutta et al, “Carbon Trading: how it functions and why it is controversial”, FERN, http://www.fern.org/sites/fern.org/files/tradingcarbon_internet_FINAL.pdf, 2010

21 – www.wrm.org.uy. Ver sección sobre REDD

22 – http://noredd.makenoise.org/wp-content/uploads/2011/09/NOREDD-letter_21sept.pdf

23 – Singh, Supriah. Payments for Ecosystem Services (PES) in India from the bottom-up. Publicado en Down to Earth, CSEs fortnightly online magazine.

24 – Es importante recordar que las empresas que ofrecen servicios ambientales contabilizan también algo que los economistas llaman ‘costos de transacción’, que son los costos necesarios para ‘medir’ si los servicios que están siendo ‘comercializados’ de hecho están siendo preservados y por lo tanto si se pueden ‘entregar’. En el caso del servicio ambiental de carbono, se le da el nombre de Monitoreo, Verificación y Evaluación a esos costos y los mismos tienden a ser altos y a involucrar técnicos y tecnologías especializadas.

25 – Sullivan, Sian, “Green Capitalism, and the Cultural Poverty of Constructing Nature as Service Provider”. En ‘Upsetting the Offset’, Böhm, Steffen and Siddhartha Dabhi (eds), London, MayFlyBooks, pp. 255-272

26 – Ibid

27 – http://radarrio20.org.br/index.php?r=site/view&id=229995

28 – Griffiths, Tom. “Seeing ‘REDD’? : Forests, climate change mitigation and the rights of indigenous peoples and local communities”, version actualizada, mayo de 2009. Forest Peoples Programme

29 – Sullivan, Sian, “Green Capitalism, and the Cultural Poverty of Constructing Nature as Service Provider”. En ‘Upsetting the Offset’, Böhm, Steffen and Siddhartha Dabhi (eds), London, MayFlyBooks, pp. 255-272

30 – Tricarico, Antônio, “The ‘financial enclosure’ of the commons", http://www.un-ngls.org/gsp/docs/Financialisation_natural_resources_draft_2.pdf, 2011.

31 – http://www.accionecologica.org/servicios-ambientes/documentos….

32 – Governo de Acre, “Sistema de Incentivo a Serviços Ambientais”, http://www.ac.gov.br/wps/wcm/connect/fc02fb0047d01….

33 – http://www.wrm.org.uy/countries/Brazil/LetterPlantarCDM.pdf

34 – See publication “carbon sink plantations in the Ecuadorian Andes”, www.wrm.org.uy

35 – Karumbidza, Blessing and Wally Menne, “CDM carbon sink plantations in Africa: a case study in Tanzania”, Timberwatch, 2010

36 – Bauhus, Jürgen, et al. Ecosystem Goods and Services from Plantation Forests. CIFOR, 2010

37 – Ribeiro, Silva: ‘As novas fronteiras da mercantilização da natureza’, em Le Monde Diplomatique Brasil, Año 5, nr. 53, diciembre de 2011

38 – Amigos de la Tierra Internacional. REDD: la verdad en blanco y negro. 2010

39 – Terra de Direitos, Pagamento por “Serviços Ambientais” e Flexibilização do Código Florestal para um capitalismo “Verde”, www.terradedireitos.org.br, agosto de 2011

40 – Ver www.wrm.org.uy. Informaciones sobre los temas REDD, Carbon Trade and Carbon Plantations

41 – http://www.wrm.org.uy/RIO+20/Nos_movilizamos.html

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