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Participación ciudadana desde la perspectiva de la complejidad

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Desde la perspectiva de la complejidad la participación ciudadana puede ser vista como un sistema complejo que consta de diversos elementos heterogéneos que se interrelacionan, son interdependientes y son interdefinibles. Estas interacciones definen relaciones y vínculos que dan pie a propiedades emergentes que son comportamientos que no pueden ser atribuibles a los individuos de manera aislada. Bajo esta situación el todo es diferente a la suma de las partes.

La participación ciudadana puede ser vista entonces como una totalidad autoorganizada y que está conformada por subsistemas como la comunicación, el diálogo y los grupos.  En tanto el sistema participación ciudadana tiene capacidad de diálogo con el entorno está inscrita en sistemas mayores como el sistema gobernanza y el sistema democrático. El sistema participación ciudadana es de carácter abierto sujeto a información que le permite capacidad de aprendizaje, adaptación y evolución.  En la participación ciudadana converge tanto la autonomía de los grupos como la dependencia hacia la cultura y sistemas mayores como la gobernanza y la democracia.

Quiere decir entonces que en torno a la participación ciudadana confluyen, se traslapan y orbitan diversos sistemas como democracia, gobernabilidad, gobernanza por lo tanto la participación ciudadana no puede ser considerada como un medio únicamente o ser concebida de manera aislada. En tanto proceso complejo la participación ciudadana se ubica en un contexto determinado y la historia cuenta en cuanto su configuración. De ahí la necesidad de reconocer la participación ciudadana en sus múltiples dimensiones, planos y escalas de espacio y temporalidad.

La participación ciudadana alude a ciudadanos y ciudadanas participantes como personas y como colectivos. Por lo tanto la participación ciudadana expresa las interacciones existentes entre el individuo, la sociedad y la especie humana. Asimismo, expresa las interrelaciones entre mente-cuerpo-fisiología-palabra-acción. De esta manera es que podemos asumir la necesidad de abordar la participación ciudadana considerando toda la sociodiversidad, con toda la variabilidad existente al interior de cada grupo. La diversidad interna no solo alude a los diferentes grupos (y subgrupos) existentes sino también a la diversidad de paradigmas, creencias, ideas, ideologías, representaciones sociales, imaginarios, discursos, narrativas, significadores, sentires, pareceres, percepciones, actitudes y prácticas. Es la materia y energía que de manera intercambiable se hace presente en los contenidos de la participación.

La participación ciudadana como sabemos está orientada a que los ciudadanos y las ciudadanas empoderados tengan la posibilidad de participar en las decisiones que les competen en tanto inciden sobre sus vidas y además la posibilidad real de participar en la acción en sus diversas dimensiones de gestión (autogestión, cogestión, vigilancia de la gestión pública). Por lo tanto la participación ciudadana está estrechamente interrelacionada con la gestión pública y su efectividad. Es a través de la participación ciudadana que se hace efectiva la gobernanza democrática entendida como la capacidad de un sistema para que autoridades y sociedad civil se organicen en estructuras horizontales que permiten la toma de decisiones con criterios de justicia, equidad, sostenibilidad (y ahora tendríamos que agregar con ética). Se busca entonces que la participación ciudadana favorezca la autoorganización que incida a su vez en la capacidad de generar propiedades emergentes producto de la expansión de la conciencia colectiva.

Desde una perspectiva de complejidad la participación ciudadana debe mirar totalidades e interacciones. Cuando se habla de totalidades se refiere a totalidades de fenómenos, comportamientos, sucesos, saberes y no solo a lo convencional, a lo frecuente, a la media. Ello obliga a miradas de 360° en los que también se presta atención a las prácticas y discursos no convencionales que escapan al mundo oficial o reconocido. Ello invita a mirar lo extraño, las perturbaciones, las singularidades, los quiebres, las bifurcaciones entre otros fenómenos de la complejidad. Es una manera de tratar de recoger y entender las razones de la informalidad, de las inconformidades, de las voces disidentes de las voces calladas y de personajes invisibilizados. También nos obliga a repensar lo que consideramos legítimo y representativo (¿desde la perspectiva de quién?). Es una manera de rebelarse frente a las prácticas comunes de quedar encerrado en visiones, misiones y objetivos institucionales sectoriales que te enfocan bien en los resultados pero pudiera ser que te desenfocan de la realidad al perder perspectiva o de dejar de lado zonas brumosas que no que queremos ver.

Una mirada de interacciones te lleva a considerar que no hay nada aislado y que todo forma parte de redes y tramas que van desde el nivel personal hasta el nivel de la interacción con la naturaleza y el cosmos. Son las dinámicas de las interacciones las que permiten comprender los procesos de estructuración y desestructuración social en la eterna búsqueda de equilibrios dinámicos. Hay fuerzas de cohesión y fuerzas de repulsión en constante colisión sea en busca de orden o de caos. Por ello se dice que un sistema complejo está alejado del equilibrio porque este juego dinámico entre estabilidad e inestabilidad constituye una dinámica movilizadora de la sociedad.

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Un enfoque complejo de la participación ciudadana te está diciendo que la participación ciudadana no es un requisito administrativo, un trámite por cumplir, una exigencia que hay que hacer para no ser señalado, un rito ilusionista para el público o una lista de “participantes”. Tampoco es una hábil estrategia para extraer información que se procesa antojadizamente según intereses económicos o políticos, una manera de hacer creer que se toman en cuenta las perspectivas, propuestas, angustias e incertidumbres de la gente. La participación, como el diálogo, se basan en tres predisposiciones: el encuentro, el interaprendizaje y la remoción de ideas y prácticas. Si no hay voluntad de interaprendizaje no hay participación, si no hay voluntad de remover tus ideas, discursos y narrativos preconcebidos no hay participación. La participación ciudadana es por naturaleza compleja porque tiene la predisposición al entrelazamiento ideológico y la apertura para la transformación (re)creadora.

Quiere decir entonces que para que la participación ciudadana sea genuina se requiere una infraestructura institucional, legal y procedimental que la haga posible incluyendo los recursos necesarios para su implementación efectiva. Requiere también cambios relacionales, estructurales, culturales y epistemológicos. La participación ciudadana genuina tiene la capacidad de poner a prueba un modelo de desarrollo, un modelo de bienestar, un modelo de sociedad que parte de los gobernantes. Es la deliberación profunda, con sentido y buena fe que permite construir verdades compartidas que implican a su vez compromisos de implementación afirmativa y de sostenibilidad.

La incorporación del enfoque de complejidad a la participación ciudadana nos permite escapar de los límites de los enfoques centrados en disyunción, reducción, linealidad y determinismo. También de los enfoques disciplinarios, sectoriales y de misión institucional acotada. La complejidad de la participación ciudadana nos invita a una mirada de totalidades, interacciones, autoorganización y emergencias. Hagamos de la participación ciudadana una herramienta efectiva para hacer frente a la realidad compleja y producir grandes transformaciones.

Rodrigo Arce Rojas
Ingeniero Forestal
rarcerojas@yahoo.es

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