Los primeros vehículos sin volante ni pedales tradicionales están cada vez más cerca de circular por las carreteras de Estados Unidos.
La nueva generación de vehículos autónomos está obligando a replantear elementos que durante más de un siglo parecieron indispensables en cualquier automóvil.
En estos modelos ya no tiene por qué existir un asiento tradicional para el conductor, lo que cambia por completo la forma en que hemos viajado durante décadas.
Pero, curiosamente, uno de los principales obstáculos para que estos vehículos circulen no está en la tecnología.
Está en las normas actuales, escritas cuando nadie imaginaba vehículos diseñados para moverse sin un conductor humano.
¿Cómo se cambian las reglas de seguridad cuando el vehículo que debe cumplirlas ya no necesita un conductor?
Por qué las normas actuales no encajan con algunos vehículos autónomos
Las normas federales de seguridad se crearon hace muchos años, cuando nadie pensaba que un auto podría conducir solo.
Por eso, muchas fueron redactadas pensando en vehículos con conductor y contemplan controles y elementos diseñados para que una persona pueda manejar el automóvil.
Sin embargo, en un robotaxi creado exclusivamente para circular de forma autónoma, algunos de estos elementos pueden perder su función original y condicionar el diseño interior para los pasajeros.
La llegada de estos nuevos vehículos obliga a las autoridades a decidir qué requisitos siguen siendo necesarios y cuáles deberían adaptarse.
Un sistema automatizado no utiliza un espejo ni acciona físicamente un pedal de la misma manera que lo hace un conductor.
En cambio, estos vehículos utilizan cámaras, distintos tipos de sensores y sistemas informáticos que procesan constantemente la información del entorno.
El desafío consiste en actualizar las normas sin eliminar las garantías de seguridad que deben cumplir todos los vehículos.
El plan para actualizar las normas de tránsito
La propuesta impulsada por la NHTSA no busca eliminar las pruebas de frenado ni relajar los estándares de protección para los pasajeros.
El cambio consiste en eliminar la obligación de tener un pedal de freno manual en vehículos automatizados que nunca serán conducidos por una persona.
Eso no significa que los autos puedan circular sin un sistema capaz de detenerlos.
Los vehículos seguirían teniendo que cumplir los requisitos de rendimiento del sistema de frenado.
La propuesta forma parte de una estrategia más amplia para modernizar las normas federales de seguridad automotriz.
La revisión busca adaptar requisitos relacionados con controles, espejos, limpiaparabrisas y otros elementos concebidos originalmente para vehículos conducidos por personas.
El objetivo es encontrar una forma de permitir el desarrollo de nuevos diseños sin obligar a los fabricantes a instalar componentes que, en determinados vehículos autónomos, ya no cumplen la función para la que fueron creados.
Pero modificar estas reglas abre otra pregunta mucho más difícil de responder.
¿Hasta dónde pueden cambiar las normas sin reducir la seguridad?
¿Innovación más rápida o mayores garantías de seguridad?
La idea de eliminar algunos controles manuales de los vehículos ha generado un debate entre la industria y quienes piden una mayor supervisión de esta tecnología.
Por un lado, las empresas tecnológicas y automotrices sostienen que las normas diseñadas para vehículos tradicionales frenan la innovación y dificultan el desarrollo comercial de nuevos modelos.
Por otro, los defensores de los consumidores y expertos en seguridad vial piden criterios claros para evaluar estos vehículos.
Quieren saber cómo se comprobará su comportamiento en el tráfico real, ante situaciones imprevistas o en condiciones meteorológicas adversas.
Y esa es probablemente la parte más difícil de todo este cambio.
El problema de fondo no es que un automóvil sin pedal de freno sea peligroso por su propia naturaleza.
El verdadero problema sería aprobar nuevos diseños de vehículos autónomos sin pruebas objetivas, auditorías y reglas claras sobre quién debe responder si algo sale mal.
Un vehículo sin volante ni pedal de freno no es inseguro simplemente por tener un diseño diferente.
El verdadero riesgo aparecería si las normas cambiaran sin pruebas objetivas, auditorías independientes y responsabilidades claras cuando algo salga mal.
