Educación Ambiental

Una educación amable para la vida

“A veces decimos que los niños vienen [a la escuela] sin saber o que no tienen conocimiento. Claro que no tienen conocimiento de lo occidental, pero tienen un conocimiento muy profundo de su zona”, afirma la profesora rural Miriam Vitorio Apolinario.

Por Maritza Baltazar

Vitorio Apolinario trabaja en la institución educativa privada Chaupin, ubicada en el caserío Baños de la Merced, en el céntrico departamento de Ancash. Esta escuela, a la que se conoce como “Centro de la Sabiduría Andina”, fue creada hace ocho años por la Asociación Hijos Sanadores de la Tierra Madre (HISATIMA), integrada por Mariela Javier Caldua, Wenceslao Rosario Solano, Giovana Vitorio Apolinario y Miriam Vitorio Apolinario. Todos ellos son docentes comprometidos con la cultura andina y su objetivo es revalorar y afirmar la identidad de una cultura viva y milenaria.

HISATIMA desarrolla la propuesta de una institución educativa gratuita de nivel primario de primero a sexto grado con secciones únicas y multigrados, con la finalidad de brindar una educación más pertinente para los niños de las zonas altoandinas, mostrando y valorando su saber y cultura local, e integrando el conocimiento occidental y el andino. Se financia con el apoyo y la generosidad de las instituciones amigas, y recauda fondos con meses de anticipación para el funcionamiento escolar del próximo año.

“Desde hace cuatro años tengo la oportunidad de trabajar con los niños del campo”, dice Vitorio Apolinario. “Es muy lindo, hacemos que sus saberes sean plasmados, respetados, empezando por el idioma, su forma de ser, de convivir y todo esto es llevado al diseño curricular, donde nosotros mensualmente integramos en todas las áreas las actividades trascendentales del calendario agrofestivo comunal”, dice Vitorio Apolinario.

“Acá lo que hacemos es trabajar los conocimientos de los niños y los conocimientos de los profesores; de este modo adquirimos un nuevo conocimiento para que así podamos mejorar en la enseñanza-aprendizaje para los niños”, añade.

Afirmación de cultura andina del Buen Vivir

El profesor Pablo Díaz Tarazona, a cargo de educación inicial, explica que trabaja con niños de 3 a 4 años de edad. Parte por enseñarles lo concreto y luego lo abstracto, es decir, los niños aprenden tocando, sintiendo y usando sus sentidos sensoriales; después recién se les enseña a abstraer mentalmente los objetos.

En esta institución educativa los niños y niñas cuentan con una pequeña chacra escolar donde practican la cultura andina, tienen la capacidad de relacionarse como una gran familia con la naturaleza, las deidades y entre los humanos para vivir en sintonía y armonía, que es la base del Buen Vivir.

Esta vivencia es la relación afectiva, mediante la crianza o cuidado mutuo para la regeneración de la vida. Si siembran la chacrita, ella les retribuirá con diversidad y variabilidad de alimentos para el Buen Vivir.

Por ello los niños y niñas cultivan plantas medicinales, hortalizas, semillas nativas y algunos frutales. Les enseñan a respetar a la madre tierra durante todo el ciclo agrícola; practican los valores tradicionales como la reciprocidad, el respeto, el cariño, la ritualidad, el trabajo colectivo y comunitario.


Maestros y maestras rurales de este centro de estudios contribuyen a afirmar la cultura andina incorporando las prácticas, los saberes ancestrales y todas las actividades comunales para que los niños se sientan orgullosos de ella, para elevar su autoestima, afirmar su identidad cultural y valorar la cosmovisión andina.

Los niños y niñas de quinto y sexto grado hablan el idioma quechua con soltura, comparten sus conocimientos y sabidurías, relatan lo que aprendieron de las partes del cuerpo humano tomando una lámina que corresponde a ciencia y ambiente; de igual forma en las diferentes áreas como en matemática para lo cual recrean un mercado donde venden y compran productos, y de este modo aplican las operaciones básicas.

Para hablar de la sabiduría local se trasladan hasta la chacra escolar porque todo tiene su espacio y momento.

Los años anteriores sembraron papa, oca, olluco, calabaza y maíz nativos y este año han sembrado diversas plantas medicinales. Edika Berrospi Torres, alumna de sexto grado, explica: “Cuando nos duele el estómago hervimos menta y anís, tomamos y nos calma el dolor”.

También cuentan con hortalizas como la betarraga, lechuga, cebolla china; y cuando cosechan comparten para llevar a sus casas; asimismo, guardan para el desayuno escolar.

Conocen geográficamente los límites del caserío Baños de la Merced, con qué localidades o poblados colindan.

Señas andinas

Manifiestan que el cerro tutelar que los protege es el abuelito Qotupachan y siempre realizan sus ceremonias de ofrendas, le piden que cuide sus cultivos y les ayude en sus estudios.

Los estudiantes saben de las señas andinas conocidas como bioindicadores; por ejemplo, cuando pasan muchas palomas por las alturas es anuncio de que va a llover mucho, cuando se siembra en luna nueva ninguna de las semillas produce, así que preferiblemente se siembra cuando haya pasado la luna nueva.

Las niñas y niños practican valores. Karin Cornelio Llanque, de quinto grado, manifiesta: “Cuando vemos que un animal entra a una chacra cultivada avisamos a sus dueños para que lo saquen, cuando vemos una abuelita recogiendo alfalfa para sus animales debemos ayudarla, y a la hora de comer compartimos nuestro fiambre con los demás”.

Todo lo que se realiza en la chacra se practica según la cultura andina, se cría a las plantas, al suelo, al agua, al clima y a los animales expresados en la diversidad, la ritualidad, la equivalencia, la inclusión y la regeneración de la vida. De retorno en las aulas se plasma en textos todo lo vivenciado. Ecoportal.net

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